Me alegró leer en la edición de El Espectador, del sábado 28 de mayo, varios textos con el diseño como tema…
Me alegró leer en la edición de El Espectador, del sábado 28 de mayo, varios textos con el diseño como tema; tales fueron: “Con el sello colombiano”, sobre la trayectoria del diseñador industrial bogotano Alberto Mantilla en los EE.UU.; “Un taxi para discapacitados”, referente al Ecodrive, vehículo proyectado por un grupo de estudiantes de diseño industrial de la Universidad Nacional y “Pasto se llevó el Lápiz de acero azul”, que a vuela pluma reseña el triunfo de Adriana Santacruz por su proyecto “Micaela y el Volcán” como máxima galardonada en la XIV edición (detalle omitido en el artículo) de los Premios Lápiz de Acero.
Quizás esta edición preludie una época en que El Espectador asuma como temática habitual el diseño, cuyo potencial, considero, sigue sido desatendido por los grandes medios colombianos. Ciertamente el diseño matiza hoy cada arista existencial, material o virtual, del mundo contemporáneo, según evidencia la extensa lista de disciplinas y enfoques que o bien convergen en él porque lo emplean: medicina, ingenierías, ciencia, arquitectura, administración, mercadeo; o bien fueron desarrolladas mediante la especialización del diseño mismo: diseño anónimo, audiovisual, automotriz, de autor, de personajes, colaborativo, conceptual, corporativo, dialógico, digital, editorial, ecológico, ambiental, de eventos, de modas, futurista, de juegos, de género, gráfico…
Más como ciudadano que como profesor del Programa de Diseño industrial de la Universidad Jorge Tadeo Lozano o miembro del consejo editorial de la revista Proyectodiseño (la misma que organiza los Premios Lápiz de Acero; cuya reseña en este periódico motivó mi carta) pienso que el diseño, tan antiguo como el género humano, entraña —tal cual anotó mi colega, recientemente fallecido (2010), Nigel Witheley, profesor de la Universidad de Lancaster— los más fecundos potenciales para el florecimiento humano. En especial cuando el núcleo de las tradiciones y los proyectos colectivos asumen el vínculo directo entre el diseño en una sociedad y su salud: toda expresión de diseño porta elementos de la situación económica, histórica y política de una nación. Quienes diseñamos, desde cualquier área, tenemos como foco la resolución de las necesidades humanas.
Colombia tiene, en miles de diseñadoras y diseñadores egresados de numerosas instituciones educativas y en el cúmulo de sus iniciativas proyectuales, un caudal de esperanzas represadas, porque hasta hoy los medios asumieron el diseño más como una forma de comunicar intereses empresariales o suntuosidades estilísticas que como una lograda afirmación de la cultura material e inmaterial.
Alfredo Gutiérrez Borrero. Bogotá.