Respecto del editorial “Decisión a medias” (El Espectador, mayo 19/15) señalo que, además de lo dicho, hay que hacer mención del belicoso comercial de Fox previo al partido, donde se hablaba de movimientos telúricos, ambiente caliente en todo el territorio, etc., al estilo de los informes meteorológicos de noticiero. Francisco Díaz-Granados. Cambios cafeteros Respecto del editorial “Cambios cafeteros” (El Espectador, mayo 21/15), en buenas manos transitorias quedó la Federación Nacional de Cafeteros con mi discípulo laboral, el doctor Luis Felipe Acero. Desde hace 30 años, el suscrito y otros desafiamos el oligopolio de la Bolsa de Nueva York e introdujimos, a pesar de sus amenazas de no volverle a comprar a Colombia el café, su transporte en contenedores. Mejoramos con ello las operaciones de cargue y descargue portuario, disminuimos el respectivo costo, se volvió impecable el aseo y la humedad del grano se optimizó para mejorar aun más su calidad. Los brasileños y otros países productores vinieron a Colombia a ver cómo hacíamos la nueva operación y meses más tarde el mundo adoptó el sistema de transporte del café en contenedores. Igualmente, desde entonces manifestamos a la directiva cafetera que era inaudito que Colombia exportara café verde, en vez de café procesado. Sigue siendo incomprensible que sus directivas sigan sin generar la mano de obra y el sobreprecio que tendría el café colombiano, procesado, envasado y colocado en los estantes de los supermercados gringos y europeos bajo patente de fabricación colombiana. ¿Entonces para qué son los TLC? ¿Solo para que nos invadan con sus sobras las transaccionales extranjeras? Los directivos cafeteros que liquidaron las 103 empresas del grupo cafetero están en deuda de explicarle al país dónde está ese capital, que hoy superaría, de haberse gerenciado bien, el patrimonio del grupo Santo Domingo, Ardila y hasta el de Sura. Que se necesitan cambios profundos en la Federación, no cabe duda. Pero dios salve a los campesinos de que llegue a la Federación un lagarto politiquero saqueador, o un diplomático cobarde y acomodador de sus propios intereses sobre los de los ya por muchos años contribuyentes paupérrimos que deben financiar esa burocracia de la 72, con el sudor de su trabajo y la soledad institucional de las montañas cafeteras. Camilo J. Pinzón. Envíe sus cartas a lector@elespectador.com