Todos los precandidatos y luego candidatos a ocupar los cargos públicos que ofrece la Constitución Política de Colombia, como mínimo, exageran en sus posibles logros; lo normal son las mentiras, con mayúsculas. No se diga de quienes, finalmente, logran un escaño a consejos, asambleas o Congreso, y fuera de serie quedan los candidatos a la Presidencia de la República, y en su máxima expresión el presidente, que llega a la Casa de Nariño. Sus mentiras casi siempre van acompañadas de largos rabos de paja, que ya no saben dónde poner porque se queman y aunque logran esconderlos mientras alcanzan el poder, con el paso del tiempo quedan al descubierto. Candidaturas chimbas por su hipocresía y las mentiras y más mentiras llenas de glamour y mafia.
De esa gama de candidatos la inmensa mayoría no ha estudiado lo suficiente para ocupar los cargos y ni siquiera buscan asesores calificados, especialmente en el área económica. Buscan mejoradores de imagen, estilo y comunicación con los tipos de público y hasta de modistos, pero no reparan en la gran necesidad de meterse en la piel del país para saber cómo van a gobernar ni de dónde se desprenderían las promesas reales para cumplirlas a cabalidad. No tienen idea de la realidad del país. Desafortunadamente, quienes conocen la verdadera miseria de la Colombia que debe transformarse no están en los cargos claves de los tres poderes, así como candidatos con una relativa experiencia pero con un caudal moral bajo cero. Y por su apariencia física también hay una amplia gama; desde el rey de los feos hasta un Supermán.
Lo difícil es encontrar una persona con una gran solvencia moral y la suficiente formación académica, administrativa y con espíritu independiente, libre y de mucho carácter. Generalmente sucumben a través de las alianzas que se ven obligados a realizar; de lo contrario, pierden, porque la raíz de los eternos problemas del país radica en el incumplimiento de los propósitos que los llevaron a proclamarse. Atrás quedan los discursos de campaña, pero más atrás quedan los propósitos de los planes de desarrollo, para lo cual gastan millonadas en asesores, que luego se convierten en grandes documentos para los anaqueles y que a veces los toman los estudiantes para sus trabajos de grado. Este gobierno ya lleva más de tres años. ¿Qué espera hacer en los 11 meses que le quedan? Continuar con sus mentiras y “lucirse” con sus nuevos nombramientos.
Ana María Córdoba Barahona. Pasto.
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