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Mi problema con el amor romántico

22 de junio de 2022 - 12:00 a. m.

Resulta paradójico que aquello que se considera fuente de felicidad y finales de película, como lo es el amor de pareja, se convierta en uno de los principales motivos de insatisfacción en la vida. La no correspondencia del sentimiento y la obsesión por ser amados (ahora llamada limerencia), la falta de acuerdos dentro de la relación, la carencia de deseo sexual, el engaño, el maltrato y la ruptura son solo algunas de las dificultades en el panorama del amor romántico. Ahora bien, no es de extrañar que entre los motivos de consulta más frecuentes en el ejercicio de la psicología se encuentre el no saber lidiar con expectativas creadas en torno a este tema, allí es donde radica mi inconformismo.

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Mi problema no es con el amor romántico en sí mismo, espero no se malentienda, es con su concepción social, la creencia de un amor incondicional, en parte a causa de la crianza, los libros, los cuentos, el cine, etc. Nos han vendido la idea de un amor predeterminado, amor de una vez y para siempre entre dos individuos que hasta el momento parecían perdidos o poco interesados en el romance. De esta forma, mi problema son las expectativas desajustadas que llevan a la decepción, la frustración y al psicólogo.

Son las expectativas que giran en torno a la perfección del ser amado (“Eres perfecto/a”), la fuerza de amar (“El amor lo puede todo”), su duración (“El verdadero amor es para siempre”) y la correspondencia (“Nos amamos igual”), las cuales acaban por afectar al individuo y, por ende, a la sociedad. Ahora bien, tendríamos que detenernos a pensar: ¿Cuánto sé acerca del amor? ¿Cuáles son mis expectativas al amar y ser amado? ¿Qué quiero realmente en mi vida sentimental? Es decir, la forma más razonable de poder llegar a hacer un cambio en el desajuste de las creencias erróneas sería la introspección.

En síntesis, mi problema con el amor romántico radica en la pobre introspección, la carencia de conocimientos y la negativa social de aprender a amar, la cantidad de personas que asisten a sesiones por psicología queriendo resolver sus conflictos personales o en interacción con su pareja sin siquiera pensar que tal vez son sus creencias las equivocadas. En este sentido cobra relevancia la frase de Paracelso: “Quien no puede hacer nada no comprende nada. Quien nada comprende nada vale, pero quien comprende también ama, observa, ve. Cuanto mayor es el conocimiento inherente a una cosa, más grande es el amor”.

Daniel Fernando Rosas Martínez.

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