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Monserrate

07 de octubre de 2014 - 09:34 p. m.

Cerro de Monserrate: lugar de encuentro con la fe, la naturaleza, la cultura, la basura y la tumbada.

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El deterioro de esta joya turística es evidente. La tugurización de las casetas de comidas, el abandono de todo el sector norte del cerro, las cantidades de basura a lado y lado del sendero peatonal…

No hay servicio de parqueadero para bicicletas, los primeros 300 metros del sendero peatonal para subir o bajar el cerro están cuidados, los 2.000 metros restantes son todo un atentado contra la naturaleza y una apología antiecológica.

Se prohíbe el ingreso de mascotas, pero por ese sendero circulan equinos cargados de pesados surtidos. Pobres animales maltratados. Por ser una reserva natural, hay animales únicos en su especie, como los caballos enfermos que transitan hasta tres y cinco veces en el día llevando cargas.

Por el sendero peatonal, desde el Caracol Dos hasta El Mirador, pasando por la Estación Ambiental y el Falso Túnel, el sendero de estiércol, heces fecales porcinas, olores nauseabundos, moscas, cáscaras y toda clase de basura es abundante; necesariamente hay que pisarla si uno quiere seguir avanzando. En el resto del recorrido la basura va haciendo del cerro de Monserrate el cerro de la Basura.

No se permite el ingreso de bebidas alcohólicas, pero a lo largo del sendero venden chicha, guarapo, aguardiente, cerveza…

“Oíd el canto de las aves. Antaño corría por estos cerros cristalinas fuentes, pumas y venados”. Esta invitación está escrita en una forma poética, llena de contrastes en contra de un verdadero cuidado ambiental.

Se llega a la cima, donde está el Señor Caído y la tumbada es de estafa. Un plátano maduro vale ocho mil pesos, una porción de seis papas criollas vale diez mil pesos… En uno de los enunciados de la sana convivencia del santuario reza que hay que consultar los bolsillos.

Y en el extremo nororiental de la cima del cerro hay una caseta que vende cerveza con música de despecho, a todo volumen, atendida por un niño de unos diez años.

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Autoridad sí hay, pero sólo para lucir sus uniformes y nada más.

Jaime Aristizábal. Bogotá.

Fe de erratas

El pasado viernes fue publicada en la sección Cultura una columna titulada “Signos y símbolos en la pintura” sin el correo de su autor ni especificar su cargo. Su nombre completo es Eduardo Márceles Daconte, licenciado de la Universidad de Nueva York, escritor e investigador cultural. Para quienes deseen retroalimentar esta publicación, pueden escribirle a eduardomarceles@yahoo.com.

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