Eliminada la selección colombiana de fútbol de los 32 equipos que disputarán el Mundial de Catar 2022, la discusión cotidiana y el foco de atención regresan a las elecciones presidenciales, a celebrarse en el mes de mayo del presente año.
Se dice por quienes posan de entendidos en el tema que la actual campaña política es la más polarizada en la historia del país. Lo mismo se dijo hace cuatro años y algo similar se dirá en el futuro. Vivimos en una especie de presente permanente, consideramos que lo actual es único e irrepetible, siendo que la historia se repite con diferentes actores, en un mismo escenario y con un viejo libreto.
En la campaña presidencial sobran los insultos, hay exceso de referencias a asuntos personales y faltan ideas que ayuden a construir un mejor país. Lo trivial desplazó a lo fundamental, los debates son repetitivos, poco aportan al conocimiento y parecen orientados a despertar las pasiones, como si se tratara de un partido de fútbol.
El profesor español Eloy García López, en el estudio introductorio de El poder: los genios invisibles de la ciudad, señala que el debate político se ha visto sustituido por el debate sobre trivialidades que, hábilmente dirigido por expertos en comunicación, solemniza lo obvio y eleva a categoría de fundamental lo banal. Resultan muy acertadas esas palabras en la contienda electoral colombiana, pero no creamos que somos los únicos. Basta escuchar a ciertos políticos como Enrique Peña Nieto, Donald Trump, Jair Bolsonaro, Rodrigo Duterte o Pedro Castillo para concluir que sus discursos son limitados, llenos de lugares comunes y carentes de ideas originales. Evito mencionar a Nicolás Maduro de manera intencional, ya que conforma una categoría especial junto con otros dictadores desprovistos de cualquier aporte al intelecto.
Figuras luminarias con un gran discurso, con un modelo de gobierno elaborado, esos líderes que pensaban y hacían pensar al país, como Alfonso López Pumarejo, Luis Carlos Galán Sarmiento y Álvaro Gómez Hurtado, son parte del pasado. Vivimos en una sociedad que carece de referentes filosóficos e ideológicos, no se sabe dónde están los pensadores y en caso de que existan no se les presta atención.
La culpa de la degradación del debate no es solo de los políticos, la responsabilidad la debemos asumir todos los ciudadanos que hablamos mucho y reflexionamos poco. Somos expertos en todos los temas de actualidad, hablamos con la misma convicción de fútbol, de economía y de la guerra en Ucrania, sin reconocer que nos falta conocimiento y profundidad para tomar mejores decisiones. Pero eso parece no importar, seguimos viendo partidos de fútbol, novelas, realities, videos de influenciadores, en lugar de documentarnos mejor. Nos quedamos con los titulares de prensa, con los tuits, con la superficialidad de la información y con los sesgos naturales de los seres humanos.
Pero no todo está perdido, no estamos destinados a vivir otros cien años de soledad, no hay pueblos condenados, como lo repite Diana Uribe. Estamos a tiempo de construir un mundo mejor, solo se requiere un poco de esfuerzo y seguir las instrucciones del profe, como repiten los futbolistas.
José David Ruiz Argel. Abogado, magíster en Derecho.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com