Hay cierta reticencia a escribir sobre temas relacionados con el futuro, en especial del país. Y no se trata en este caso de averiguar a dónde va a parar con la violencia, las divisiones, las peleas de vecinos que afloran a diario. La pregunta es por la perspectiva de futuro del país.
La cuestión es: ¿cuál es el futuro que tenemos los colombianos? ¿Hacia dónde se dirige el país? Parece existir cierto velo o reserva sobre esta materia. Por ejemplo, sería útil saber cuál es el futuro que se visualiza para las ciudades. ¿Se piensa en un modelo de ciudad? ¿Son varios modelos? ¿En qué se diferencian unos de otros? ¿Tendrán prioridad la tecnología, las ciudades inteligentes? ¿Se impondrán sistemas de transporte sin combustibles fósiles? ¿Se priorizarán transportes como el de las bicicletas y las patinetas, incluidas las impulsadas por motor? ¿Cuáles son las herramientas, los medios, los recursos previstos para lograr determinadas finalidades? En algunas materias el mercado se impone sobre la planificación. Así, por ejemplo, la motocicleta se ha impuesto, sin perder de vista que es un medio de transporte ágil, económico, de fácil adquisición, al alcance de trabajadores de las más disímiles condiciones laborales y económicas.
Por eso importa saber cuáles son las mejores opciones que existen para las ciudades, cuáles son las variables que se toman en cuenta para el logro de determinados objetivos y cuáles son estos. La tendencia que se ha revelado es que la población del campo migra a las ciudades de manera inexorable. Ya en el gobierno del presidente Betancur se había planteado este como un verdadero problema, una tendencia que no se pudo detener y que implica el abandono definitivo del campo y la concentración de la población en grandes centros urbanos.
Esto obviamente lleva a preguntar por lo que se piensa hacer con el campo. Se percibe una mayor concentración de esas tierras, en algunos casos, en manos no muy sanctas. A ello se agrega que resulta útil saber dónde se sitúa nuestro país en el contexto internacional. ¿Se va a inclinar por la alta tecnología, por la biotecnología, por la producción de alimentos en gran escala?
A veces no parece existir un propósito definido y se impone la idea de que el Gobierno, los partidos políticos, los dirigentes no van más allá de sus ideas, intereses y pretensiones personales. Los políticos se empeñan en hacerse con el poder a cualquier costo, para imponer sus ideas y sus visiones del mundo, como si lo importante fuera lo que ellos creen o piensan. Seguramente la construcción del país requiere un propósito común, un esfuerzo unificado, unas mismas ideas que no existen.
Por ese camino hemos llegado a lo que somos ahora y, la verdad, puede decirse que no vamos para ningún lado. Los pocos esfuerzos se dedican a tareas inconexas. El país es un poco de todo, como es nuestra idiosincrasia. ¿Superaremos alguna vez estas deficiencias?
Fernando Brito Ruiz. Pereira.
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