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No ganó AMLO, perdió el PRI

04 de julio de 2018 - 09:00 p. m.

El pasado primero de julio, México fue testigo de una de las elecciones más sorprendentes y sangrientas de su historia. Por un lado, los resultados permiten afirmar que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se convertirá en el primer presidente de izquierda en más de 30 años; y por el otro lado se certifica que la política mexicana está gravemente amenazada si contamos que más de un centenar de políticos fueron asesinados durante la campaña electoral.

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Si bien los analistas políticos y los medios de comunicación se han centrado en destacar al vencedor de la elección presidencial, creo importante resaltar la otra cara de los resultados: perdió el partido gobernante. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) perdió, no solo la elección presidencial, sino los gobiernos estatales.

El Movimiento Regeneración Nacional de AMLO (Morena) se llevó cinco de los nueve gobiernos estatales que estaban en juego, dejando dos en manos del Partido Acción Nacional (PAN) y uno a cargo del Movimiento Naranja. El PRI podría ganar en el Estado de Yucatán, que está peleando con un representante del PAN.

El parlamento no fue ajeno a la “revolución” electoral, ya que la coalición variopinta, que junta al izquierdista Partido del Trabajo con el conservador Partido Encuentro Social, contará con 303 asientos de 506 posibles en la Cámara Baja. En el Senado AMLO también tendrá mayoría con 70 curules de 128.

El mensaje es claro y contundente, el gobierno del actual presidente Enrique Peña Nieto fue ineficiente y desgastó a los mexicanos. La corrupción ha estado presente en el gobierno desde el caso denominado “la Casa Blanca”, que salió a la luz en 2014 y desveló la compra de una casa por 7 millones de dólares a un contratista del gobierno; hasta el desfalco del estado de Veracruz, gobernado por el priista Javier Duarte. En general, es difícil no inquietarse con información oficial que da cuenta de 30 militantes del PRI están siendo investigados por presuntas relaciones con el crimen organizado o actos de corrupción.

En este contexto, es fácil predecir la voluntad de los votantes. En Veracruz, por ejemplo, ganó Morena, entendiendo que todavía no perdonan al partido gobernante; o la pérdida en el bastión del PRI en el municipio de Atlacomulco, que vio nacer al actual presidente Peña Nieto y que fue gobernado por el PRI desde 1942.

El hartazgo del mexicano promedio no significa que AMLO tenga vía libre para implementar su programa político, pues su llegada al poder solo podría significar que México quiere un cambio concreto, especialmente en la sensación de impunidad que sienten sobre casos de corrupción, así como nivelar la gran brecha económica entre la élite y los mexicanos.

AMLO supo manejar bien el desgaste de los mexicanos, lo que le permitió llevar la ventaja durante casi toda la campaña política, no obstante, su futuro gobierno no será fácil. Si bien tiene mayoría en ambas cámaras legislativas, su coalición es bastante diferente, lo cual lleva a pensar que AMLO deberá privilegiar algunas políticas públicas, a fin de evitar el fraccionamiento interno. No obstante, varios analistas concuerdan en que AMLO es pragmático, lo que significa que negociará todo lo que tenga a su alcance para cumplir su palabra, o al menos no defraudar a su base política. Esperemos que su pragmatismo no signifique dejar de lado casos de corrupción por favores políticos.

Fausto Bustos Jácome.

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