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No morirá para siempre

21 de marzo de 2019 - 12:30 a. m.

La puesta en marcha del derecho a la réplica arrancó con un grupo de la oposición, de lujo, encabezado con la presencia del profesor Antanas Mockus, quien decidió y se le respetó su deseo de aparecer de frente, en primera fila a pesar de los rigores de su enfermedad. Me parece, en este punto, un acto de valor, aunque no quisiéramos verlo así, tan expuesto al irrespeto de vándalos y cretinos en las redes. Por lo demás, felicitar a Juanita Goebertus por su absoluta seguridad y contundencia en cada uno de los argumentos que presentó sobre las objeciones a la Ley Estatutaria de la JEP.

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Parecería que la Ley Estatutaria de la JEP estaría al borde de la muerte. Sin embargo, cuando se escuchan voces autorizadas de la ONU, de personajes que participaron en el Acuerdo de La Habana, de algunos parlamentarios que han demostrado persistencia y coherencia, de intelectuales y juristas que esgrimen sus puntos de vista con claridad y objetividad, del grito de las víctimas que claman por el despeje del camino para que todo avance y aun de victimarios que también han comprendido que lo mejor es acabar con la polarización y emprender el debate permanente por el país, la esperanza renace con más fuerza y el compromiso de todo colombiano de bien es anteponer el interés individual por el común.

A estas alturas del partido ya no da terror que en el Gobierno esté un presidente tan sometido a los caprichos e intereses de su partido y personajes maléficos. Naturalmente no es lo ideal, pues todos quisiéramos ver a un jefe de Estado con autoridad, con conocimiento, con experiencia y sin vanidad. La realidad es que tenemos a un mandatario simpático, pero con simpatías no se administra una nación y mucho menos la implementación del proceso de paz. Cuando en los diferentes programas de opinión de TV, radio o foros aparecen los del CD, mejor se cambia de canal. Son venenosos, tóxicos, engreídos y la mayoría hasta feos, porque han adoptado actitudes que se reflejan negativamente en sus rostros, en sus gestos. Son pocos los integrantes de dicha corriente política que exponen de manera razonable. Los hay, pero son muy pocos. Los demás, unos fanáticos que no aportan para nada a que la realidad de Colombia se transforme en desarrollo socioeconómico, político y cultural. Por eso, la Ley Estatutaria de la JEP no morirá para siempre…

Ana María Córdoba Barahona, Pasto

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