Hace algunos meses empecé a sentir creciente distancia frente a la opinión expresada en las geniales caricaturas de Osuna.
No creo que me haya vuelto un cínico: en conciencia creo que el continuado declive de Colombia y la ofensa cotidiana que sufrimos contra los derechos y contra el derecho me siguen asqueando; busco los viejos dibujos de Osuna de tiempos tan terribles o vergonzosos como el holocausto del Palacio de Justicia o el reinado del elefante, y concluyo que, para mí, nadie como él hizo, en trazos insuperables por su contundencia, por su humor y su línea fina, el testimonio y la denuncia urgentes sobre un país que se desmoronaba. La presencia de ese Osuna libre, conservador y genial ha honrado las páginas y la tradición del liberal El Espectador. Tristemente hoy la mayoría de sus dibujos acompañan y hasta exaltan posiciones intolerantes y actos sin vergüenza de la extrema derecha uribista. Si bien aún denuncia los malabares intelectuales y morales del gobierno de turno, en cambio mantiene un silencio que me parece cómplice frente a las provocaciones, maniobras ilegales y burlas a la justicia de los más radicales seguidores del exdictador. Ya no es neutral y así me parece irreconocible. Es un triste Osuna a medias que ya no dice la verdad, pues deja por fuera de sus caricaturas mucho de lo peor y de lo más risible de ella.
Ricardo Alarcón G. Bogotá.
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Muy bueno el editorial de hoy (ayer). Los felicito. Pero la columna de Osuna (Lorenzo Madrigal) sí que es una maldita obra maestra. Palo a través de un ejercicio gramatical… Lo amo. Quisiera decir, igualmente, que está teniendo una racha ganadora a través de sus caricaturas de los últimos meses: el único (o probablemente el único) periodista que en este país se le está oponiendo severamente, con estilo y buen humor, al presidente Juan Manuel Santos. No le ha temblado la mano en denunciar a sus aliados y sus tretas. A sus funcionarios de bolsillo y a quienes, descaradamente, lo defienden desde la prensa escrita y desde la radio. Muy grande este Osuna, que cada día da nuevas lecciones de periodismo e independencia.
Gabriel Gutiérrez. Bogotá.
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