El humedal de La Conejera ocupa nuevamente un editorial de El Espectador, el del 21 de junio de 2015.
Ante dos informes, que se contradicen, uno de la Fiscalía y otro de la Secretaría de Ambiente del Distrito, sobre el impacto y los efectos del proyecto Fontanar, el editorial termina proponiendo construir un concepto de gestión para redireccionar la urbanización y dar un manejo adecuado a los humedales del altiplano y su biodiversidad. Al parecer, el ordenamiento de la ciudad alrededor del agua, quebradas, humedales, etcétera, hace parte fundamental de la propuesta de la actual administración distrital. El asunto es que esta política se enredó en la “política” y los intereses privados, cosa que ha evidenciado el caso de La Conejera. El Ministerio del ramo (Ambiente) no tiene la voluntad de proponer nada al respecto como lo pide el editorial, pues su pronunciamiento sobre el caso se caracterizó por falta de sustento científico, un pobre criterio sobre lo ambiental y un desdeño por el “interés ecológico nacional” de la Sabana de Bogotá, desconociendo el mandato de la Ley 99 de 1993, que lo rige. Pero como lo reconoce el editorial “están los ingredientes, falta visión y liderazgo”. Y también conocimientos y compromiso con el país, más allá de las miopes agendas personales. Pablo Leyva. Bogotá. Envíe sus cartas a lector@elespectador.com