No va a ser popular esta carta y supongo que no la tendrán en cuenta ante el merecido, no lo niego, éxito que han tenido con La Pulla. Pero su último capítulo, dedicado a burlarse y demeritar el trabajo de sus propios colegas, me deja la sensación de que han entrado en la muy colombiana usanza de “echar codo” para sobresalir.
Se van lanza en ristre contra los medios diferentes de El Espectador con la idea de que no aportan nada a la discusión porque están de acuerdo con las políticas del presidente Duque. Si estás de acuerdo con Duque, no aportas; si estás “enamorado” de la oposición —para usar su mismo sarcasmo—, qué gran aporte estás haciendo.
Viendo esta última edición, me pregunté cuánto de lo que estaban criticando no podría verse con la lente contraria y aplicársele a su misma crítica. Clarísimo me pareció en su burla a que se ataque el microtráfico que tiene azotada a la juventud y se ha tomado las ciudades, o a que los medios muestren los efectos catastróficos que el consumo tiene sobre las personas. Como si eso no tuviera la menor importancia, como si las mafias no existieran, ni tampoco la destrucción de familias a causa del abuso de las drogas. Les quedó fácil desecharlo con muecas e ironías para pasar a decir que los medios “se dedicaron a promover prejuicios” y a decidir que “esto está mal y ya porque yo creo que está mal y punto”. ¿No será “promover prejuicios”, más bien, decidir desde esas muecas nada más que atacar el consumo y el microtráfico es ridículo? Si en lugar de las muecas se hubieran dedicado a estudiar las motivaciones y objetivos de la norma tal vez hubieran hecho algún aporte a la discusión.
Se indignan también porque haya medios que en sus editoriales defiendan al ministro Carrasquilla y no compren a ciegas este escándalo trasnochado que le montó la oposición por unas actividades que hizo como privado sin vulnerar ninguna norma. Ni una palabra de su defensa ya en dos debates en el Congreso, para pasar a decir que los medios que sí escucharon su defensa y se convencieron lo apoyan porque están “ciegos de amor por el presidente @IvanDuque”, como escribieron en sus tweets. Yo me pregunto, con los mismos argumentos, si no será más bien que en La Pulla están “ciegos de amor” por Jorge Robledo y por eso en dos patadas deciden que “promovió una ley y luego se enriqueció”. Como dicen ellos de uno de sus colegas: “uno diría que (La Pulla) tiene pruebas irrefutables; ejjjjste, no”.
Algo similar podría decir de su juicio final que las disidencias de las Farc no tienen nada que ver con las Farc originales, porque ajá. Pero todo esto me lleva es a preguntarme, como ustedes en su editorial de hoy (ayer), ¿para cuándo una Pulla sobre las irresponsabilidades de La Pulla? O mejor, sobre sus enamoramientos.
Antonio Suárez Restrepo. Itagüí.
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