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Paremos un poco

30 de diciembre de 2021 - 12:30 a. m.

Como paso en falso, rifirrafe, perla e insulto, así se registró en la prensa el controversial “marica, ya no más” de Jennifer Arias, la presidenta de la Cámara de Representantes, que en medio del calor de la plenaria para votar la Ley Anticorrupción le gritó al representante del Partido Liberal, Juan Carlos Lozada, para que permitiera continuar la dinámica legislativa en la que se encontraban.

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¡Qué escándalo, por Dios! Y, ni hablar del “tengo que sobrevivir a una hijueputa encuesta” del precandidato Alejandro Gaviria quien, tras haberse referido a su lucha contra el cáncer, y en medio de la comparecencia ante la Registraduría para oficializar las firmas de su candidatura presidencial, se valió de dicho término para cerrar con emotividad sus palabras.

Vaya polémica la que suscitaron estas dos expresiones: todo un acontecimiento en la opinión pública nacional. Faltó preguntarse: ¿cómo es posible que este par de honorables referentes, llamados a marcar la diferencia en el devenir político del país, se valieran de groserías para manifestarse? ¿Cuál es el ejemplo que se le está dando a las nuevas generaciones? ¿Hasta qué punto de degradación del lenguaje hemos llegado?

¡Paremos un poco, por favor! En Colombia, por desgracia, razones justificadas para indignarse hay de sobra; y estas están lejos de ser unas de ellas. Los términos usados por Jennifer y Alejandro, que, valga decir, existen y tienen definición oficial en la Real Academia Española (RAE), no son más que el uso espontáneo del lenguaje en situaciones de estrés, tensión o emoción. De hecho, si se analizan en el contexto en el que ocurren, para ninguno de los involucrados tiene trascendencia alguna.

Si bien es cierto que parte de las reacciones estuvieron motivadas por un claro oportunismo político, especialmente en el caso de la representante Arias -el cual no merece ningún tipo de comentario-, sí hay un evidente reproche ciudadano y de los medios de comunicación por el uso de estas palabras.

¿Cuál es el problema? ¿Por qué el festejo de un gol de la Selección Colombia sí tiene licencia para este tipo de expresiones? ¿Qué hace que los “influenciadores” de las redes sociales, tan públicos como cualquier político, sí se comuniquen tan abiertamente como les parezca? ¿No hay groserías en La Casa de Papel o en cualquier otra serie de moda con la que pasamos el tiempo?

Ahora, no se trata de auspiciar el irrespeto, de ninguna manera; si estas palabras hubiesen sido empleadas para calificar o denigrar acerca de alguien en particular, la discusión, con seguridad, sería otra. Pasa que no es el caso, son términos coloquiales y de exclamación que, curiosamente, están siendo cuestionados por ciudadanos que, en su gran mayoría y con alta probabilidad, no tienen el principio de autoridad para criticarlos.

Parece increíble que, ad portas del 2022, con coyunturas tan relevantes como la pandemia, un dólar a $4.000, las elecciones presidenciales y el doble dígito en la cifra de desempleo, haya necesidad de dedicar una columna para este tipo de temas. Los tiempos cambiaron: el medio ambiente importa, las mujeres se están comiendo el mundo, los nuevos gerentes usan tenis, la persona más rica del país tiene 40 años; y, aunque cueste creerlo, a los políticos, ocasionalmente, se les escapa una grosería.

Tomás Tibocha. Twitter: @tomastibocha

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