Este sábado empezó mi trote en la avenida Cali con la avenida José Celestino Mutis, hacia el parque Simón Bolívar.
Puse en mi cabeza un trapo blanco, sujeto a la cachucha, al estilo de los dos luchadores por la paz, que fueron secuestrados por las Farc y luego ultimados en el departamento de Antioquia. La avenida José Celestino Mutis, que próximamente será ampliada a la altura de la avenida Boyacá, donde se tendrá que construir un puente vehicular. Por el arreglo de esta avenida y otras en diversos sitios del occidente, pagué en estos días a través de Colpatria un impuesto de valorización de $112.200. ¡Ojalá se utilicen bien estos recursos! Caminando hacia el parque Simón Bolívar pasé por el frente del Jardín Botánico, lugar que es visitado por muchos bogotanos y turistas extranjeros para conocer la belleza de sus árboles, fuentes y palmeras, y respirar un aire puro que invita al descanso y la relajación del cuerpo y del alma. El parque Simón Bolívar, que fue construido para la recreación de todos los bogotanos, con lagos que invitan al esparcimiento y el descanso, donde existen numerosas especies de árboles, traídos de muchas regiones de Colombia, muchos de los cuales superan los 20 metros de altura, expiden un olor delicioso a vegetación y da la impresión de que estuviéramos en el campo. Recuerdo que en las muchas discusiones que se dieron para la construcción de este paradisiaco parque, el doctor Álvaro Gómez Hurtado propuso la instalación de algunas esculturas de renombrados escultores. Pero la idea de este recordado mártir no fue acogida en este sentido. De todos modos tenemos un templete que nos recuerda la visita de Pablo Sexto y Juan Pablo Primero. Este parque, que se ha utilizado para eventos musicales, podría utilizarse hacia el futuro para realizar una multitudinaria reunión de todos los actores del conflicto, después de sellarse la anhelada paz. Luis Castellanos. Bogotá. Envíe sus cartas a lector@elespectador.com