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Paz y refrendación

27 de junio de 2016 - 09:00 p. m.

Una carta sobre el proceso de paz.

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Paz y refrendación

La voluntad férrea y la seriedad de los negociadores, con la consigna inquebrantable y patriota de sentarse a la mesa hasta que todo esté acordado, el supremo interés y la ayuda decisiva de países garantes, el gran apoyo mundial, el desgaste general de las partes en una guerra fraternal, propiciante de 220.000 muertos, más de 50.000 desaparecidos, casi ocho millones de víctimas, 6,9 millones de desplazados, despojo de 6,5 millones de hectáreas y una grave polarización que durante décadas ha elegido presidentes mediante el discurso principal de guerra y paz, ocasionando el aplazamiento de la solución de los problemas vitales.

Este nefasto panorama histórico condujo al Gobierno y a combatientes a dimensionar, razonar y dialogar dentro del realismo del poder de la palabra respetuosa y clara, la cual generó el silencio de los fusiles y la destrucción de armas para convertirlas en monumentos, y finalizar la estridencia mortal que las caracteriza.

El 23 de junio del 2016, en histórico acto, luego de un trabajo arduo y sincronizado de todos los participantes, Rodolfo Benítez, garante cubano, anunció al mundo expectante el cese el fuego y de hostilidades bilateral, el funcionamiento de las zonas veredales transitorias, las garantías de seguridad, el procedimiento para la dejación de armas y la lucha contra el paramilitarismo. (Esperamos pronto al Ejército de Liberación Nacional).

Este adecuado proceso posible para todos los comprometidos sucederá en instancias institucionales: el Legislativo, la Corte Constitucional, la Presidencia, el DIH, la justicia transicional y ordinaria si es necesaria.

La ciudadanía le dará el sí contundente, mayoritario y democrático, arriando la bandera de la guerra. Los imaginarios: “Colombia será una segunda Venezuela”, “el país será entregado al castrochavismo”, “los criminales no van a cumplir”, etc., serán desmentidos con el apabullante sí refrendatario de los acuerdos.

Los contrarios del sí se la jugarán por la abstención, la cual les ofrece la pícara actitud de contarse al lado de la acostumbrada y numerosa población abstencionista, comprobándose que para ellos, y recordando a Rubén Blades: “el pueblo siempre está para martillo y desde el cielo lanzan clavos”.

Votaremos por el sí para que no haya más niños en guerra, para que no haya más muertos, no más víctimas, no más desplazados, no más secuestros, no más carros bombas, no más extorsiones, falsos positivos, chuzadas, montajes, torturas, no más recompensas indignas, corrupción, bombardeos, para terminar con el presupuesto para la guerra, para que no haya más violaciones, para invertir en lo social, para que se reparen las víctimas, para terminar el holocausto de la guerra y nos abracemos solidarios en el crecer de hijos, nietos y nuevas generaciones.

Esta votación por el sí, unida al respaldo global, será la impronta perenne que garantizará nuestro futuro civilizado y progresista.

Ómar León Muriel Arango. Medellín.

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