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Peajes antiguos

20 de octubre de 2014 - 10:39 p. m.

Soy uno de los miles de pasajeros que sufrieron el monumental trancón entre Girardot y Bogotá el pasado puente (¡habiendo salido de Girardot a las 10 y 30 de la noche!).

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Eligiendo reflexionar, encuentro que una obra de magnitud como la doble calzada, vergonzosamente se vuelve camino de herradura debido a un sistema de peajes peor que los de la antigüedad. El peaje es, en efecto, una institución antiquísima. Podría equipararse a las cuotas que debían pagarle a Roma sus colonias. Pero es posible que el peaje colombiano del siglo XXI sea peor que aquel, dado que por lo menos en Roma la violencia de los tributos precipitó la caída del imperio, mientras aquí sólo produce lamentos. Un sistema de cobros manual, que maneja billetes y monedas en efectivo (“¡¿tiene los 300?!”); que no permite prepagar por internet los trayectos generando códigos de barras para instalar en los vehículos; en fin, este sistema prerromano de la posmodernidad colombiana confirma de qué manera el Estado es otro hacedor de violencia contra los ciudadanos. Eso sí, al tiempo que patrocina que sus agentes concesionarios se gasten nuestra plata vacacionando en Europa o Estados Unidos pagando peajes virtual o electrónicamente sin queja alguna.

Bernardo Congote. Bogotá.

De premio

Comparto con usted, sus lectores y con los círculos de periodistas del país la iniciativa de crear las siguientes modalidades adicionales en los premios nacionales de periodismo:

1. “Mejor columnista de crecimiento espiritual”. Postular a María Antonieta Solórzano por su columna titulada “La conciencia cambia el destino por libertad”.

2. “Mejor columna de interpretación del sentir nacional”. Postular a Felipe Zuleta Lleras por su columna titulada “¿País de cafres?”.

Ambas columnas publicadas en El Espectador, en su edición del día domingo 19 de octubre de 2014.

Las sabias reflexiones de la columnista Solórzano alguien tiene que hacérselas comprender y poner en práctica a los destinatarios de la columna del señor Zuleta, no sin antes recordarle a este último que la lengua castellana es exuberante en sinónimos que resultan mucho más respetuosos, considerados y deferentes que cierto calificativo utilizado en dicha columna, por más que se lo merezcan.

César Franco. Bogotá.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.


 

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