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¿Perdón y…?

22 de mayo de 2013 - 06:39 p. m.

El exconcejal Hipólito Moreno acaba de pedirle perdón a la sociedad. Y en señal de arrepentimiento, afirma que “está colaborando con la justicia”.

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¡Tamaños despropósitos! En primer lugar, porque no sería esta la primera vez en que el tal ciudadano aparezca enredado en los carruseles de la contratación bogotana, efecto para el cual la unidad investigativa de El Espectador haría bien en seguir halando de esta cuerda para toparse con varios hallazgos. En segundo lugar, porque la petición de perdón a la sociedad en el caso de Moreno termina siendo hipócrita porque, como lo señala El Espectador con su titular de ayer (“Cojea, pero…”), siempre había manifestado que su conciencia estaba tranquila de modo que, de hecho, no le importaba tanto su delito como que lo agarraran preso. Y todo esto es un despropósito porque su delito ha dañado irreparablemente a la sociedad, porque, amén de las finanzas públicas, lesionó en materia grave la salud y, por qué no, la vida de decenas de ciudadanos víctimas de su negociado con las ambulancias. Para acabar de redondear esta desvergüenza, Moreno afirma que su arrepentimiento está probado por su colaboración con la justicia, haciéndose aparecer como virtuoso cuando sólo está cumpliendo una obligación ciudadana. Al final de cuentas, el astuto Moreno pretende que los bogotanos le salgamos debiendo por habernos lesionado material y moralmente. ¡No faltaría más!

Bernardo Congote. Bogotá.

 

Delincuentes los vuelven adictos

Tiene razón don José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, cuando afirma: “El que consume marihuana no es un delincuente”. Delincuentes los que lo han vuelto adicto o, lo que es lo mismo, lo han enfermado y causado daño en su salud física y mental. Los progenitores que lo han maltratado, abandonado o le han negado afecto sano, los profesores que lo han frustrado al decirle que es bueno para nada, la sociedad que hace apología del libre pero irresponsable desarrollo de la personalidad, los traficantes de drogas y los mercaderes que no ahorran un detalle para que los niños, niñas y adolescentes se vuelvan adictos al alcohol y de contera a los alucinógenos. Es sano recordar que el amor sano lo puede todo y que en mente ocupada no entra vicio.

Carlos Fradique-Méndez. Bogotá.

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