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Pilos, “cena” a la carta

27 de agosto de 2019 - 12:00 a. m.

La corrupción fue motivo de debate el pasado gobierno. De la oposición a la gestión, el nuevo pisa la misma cáscara y sigue dando papaya: la educación está en crisis y la administración pública depende de contratistas que defraudan.

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La Procuraduría suspendió una licitación del Sena, que debería contribuir a la democratización del conocimiento, mediante el modelo MOOC: cursos gratuitos y masivos en línea. En lugar de estar analizando la efectividad, pertinencia y cobertura educativa, reafirmamos el determinismo de nuestro permanente retroceso socioeconómico.

En este caso hubo quejas sobre la aplicación de los principios* de gestión y contratación pública, aunque los interesados no necesariamente son referentes de calidad, excelencia o ética. De hecho, saben cómo sabotear los procesos y las reformas; en este sentido, es oportuno recordar que el Congreso afronta los últimos debates de la optimización de la Contraloría, que ha ignorado la prevención, apenas vigila el 17 % del presupuesto público y solo recupera el 0,4 % de lo que investiga (El Tiempo, 25/8/2019).

La anterior Superintendencia de Industria y Comercio realizó procesos ejemplares, aunque fue objeto de amedrentamiento. Hoy el Ministerio Público, entidad que sufrió abusos desde su interior, asumió el rol de control señalando que el tipo de contratación no era eficiente y había sido modificado a último momento (El Espectador, 21/8/2019).

La Universidad Nacional de Colombia (UN), mediante Convenio Interinstitucional, realizó el estudio de mercado que sustentó las decisiones del Sena.

Ilegítimo, convengamos que no es apropiado hacer cosas que aunque sean buenas parecen malas. La UN fue eliminada de un concurso de méritos convocado originalmente por el Sena para seleccionar una organización con la experiencia y capacidad para asesorar esta licitación (La República, 21/8/2019).

El Estado debería contratar lo máximo posible con instituciones públicas o multilaterales. Sin embargo, esto ha demostrado ser tan disfuncional como vincular agentes privados, que cierran el círculo vicioso de incompetencia y corrupción.

Por ejemplo, la Comisión Nacional del Servicio Civil no contrata los exámenes de conocimientos para sus concursos de méritos con el Icfes o la UN, y las organizaciones encargadas generan bastantes reservas. Por otra parte, la UN ni siquiera tiene modelo virtual —de hecho, el Gobierno tiene convenio con Unir de España, como beneficio para sus funcionarios—.

Sigue en decadencia, apenas sostenida por un pasado que alguna vez fue glorioso y relevante para el país: no fue la preferida de los “pilos” y el actual Gobierno debió denominar su programa Generación “Privada”.

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Después de que el presidente Duque honrara el monumento comunista, la embajada estadounidense se autoinvitó a esta “cena”, haciendo eco de una presunta favorabilidad de Huawei (W Radio, 20/8/2019), y la educación dejó de ser un asunto de aprendizaje, para convertirse en lección de espionaje.

Aunque nadie satisface las necesidades de nuestra servil población, todos meten mano en este bufet.

Germán Vargas G.

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