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¿Por qué estamos como estamos?

18 de junio de 2020 - 01:00 a. m.

La mayoría de los colombianos nos hacemos esta pregunta con frecuencia. Nos preocupa ver cómo el país político cada día se desmorona, se deshace lentamente ante la marcha del calendario. No entendemos cómo después de una crisis, y cuando se comienza a recuperar el aliento, volvemos a entrar en otra nueva y aparentemente mayor. Frente a esta situación no encontramos una explicación y menos una orientación que nos permita recuperar con confianza nuestra tranquilidad y esperanza duradera.

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Vemos cómo los políticos y los partidos a los que pertenecen nos ofrecen todo tipo de soluciones y promesas para corregir el rumbo y reparar el daño causado, bajo una nueva promesa de accionar diferente. Cada uno, desde su propia esquina, critica y juzga a los contrincantes, hace aseveraciones y formula discernimientos implacables sobre sus opositores.

La confianza perdida, la esperanza que se nos escapa por entre los dedos de las manos, radica en que no vemos coherencia entre lo que ellos dicen y lo que ellos hacen. Todos proclaman ser adalides de honestidad y rectitud, pero, a la hora de la verdad, no lo demuestran con sus actos.

Solo quiero dar un ejemplo de lo anterior. En el país se ha establecido como un pilar fundamental en la arena política que, mientras no haya condena, los políticos y funcionarios públicos no están inhabilitados para ejercer sus cargos o no están impedidos para asumir nuevos cargos, por el solo hecho de no ser cosa juzgada, sin importar la cantidad de investigaciones, denuncias y procesos abiertos en su contra.

Aunque el principio jurídico es válido, los preceptos éticos, morales y los valores sociales dicen otra cosa. “La mujer del césar no solo debe ser, sino también parecer”. El hecho de que algo no sea ilegal no lo convierte automáticamente en algo moral o éticamente aceptado. Considero que estamos donde estamos precisamente por eso, por aceptar la laxitud con la que perdonamos a nuestros copartidarios y políticos de nuestros afectos. Somos nosotros los responsables de haberles permitido llegar a donde están.

Para la muestra, un botón. Considero que la mayoría de los colombianos que observan el comportamiento del presidente de los Estados Unidos, como mínimo, se ríen de la cantidad de mentiras que alcanza a decir. No obstante, dentro de su propio partido, el Republicano, no se escuchan correcciones y mucho menos críticas a sus falsos comentarios. Igual nos pasa en Colombia, no somos capaces de hacer responsables a nuestros líderes políticos de las cosas que dicen o hacen.

Es hora de hacer responsables a los partidos políticos de los hechos de sus dirigentes. Si un funcionario público elegido popularmente hace algo indebido, su partido debe asumir alguna responsabilidad por ello. No podemos seguir tolerando que, bajo una misma bandera política, los funcionarios tengan carta blanca para hacer lo que quieran, sin que el partido asuma una responsabilidad.

Finalmente quiero hacer una analogía. Una compañía de transporte terrestre no puede ir a la cárcel por los muertos que originen los conductores manejando sus vehículos, esa es una responsabilidad personal indelegable del conductor de turno. Pero la empresa sí tiene que responder económica y disciplinariamente, responsabilidad civil solidaria, por los actos negligentes o fortuitos de sus empleados. Mientras los partidos políticos no sean sancionados solidariamente por los actos cometidos por los funcionarios que ellos avalen, cada día nos encontraremos donde estamos.

Juan Carlos Mejía Fichman

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