Sobre una columna de Óscar Alarcón
He leído con interés a don Óscar en la columna “El atentado al general Reyes”. Los datos históricos son valiosos; sin embargo, cuando se usa la historia para macartizar a un gobierno como el del presidente Petro pierde su valor anecdótico, que es lo más superfluo, también el acontecimiento mismo como parte de los procesos históricos y se convierte en una malhadada manipulación que, como ave de mal agüero, predestina una tragedia nacional y eso es lo que nuestro columnista hace en este espacio. Es como si no comprendiera las dinámicas actuales de la realidad colombiana; apela a la historia para advertir la desgracia de un pueblo gobernado por un sistema realmente democrático. Deslegitima la voz del pueblo y sacraliza la democracia representativa de ese mito abstracto y enredado denominado la institucionalidad. No, señor Alarcón, no es palabra divina ni está acabada la práctica democrática en esa visión burguesa y metafísica de la democracia. No es verdad que las instituciones deben estar por encima de las ciudadanías y, peor aún, exigir que “el pueblo espere pacientemente” con total sumisión y dejando a una institución tan desprestigiada como es el Congreso la suerte y el destino de la nación, es por lo menos, desafortunado. No, señor, viene cambiando la forma de hacer país y democracia y si fuese necesario abolir las instituciones absolutistas para edificar una institucionalidad democrática en el sentido lato de la palabra, entonces, así sea, por voluntad del pueblo.
Pablo
Sobre una columna de Alejandro Reyes
A propósito de la columna “Los peligros de una paz improvisada y mal conducida”. La realidad es que hay agentes al margen de la ley que no quieren la paz, no desean estar dentro de la sociedad actual por muchas razones, solo quieren plata y simplemente están en el plan de Pablo Escobar de plata o plomo. Siempre he creído en la paz y en los acuerdos como una forma de mejorar la sociedad, pero simplemente a veces, como dirían los romanos, “si quieres paz, prepárate para la guerra”. Petro debe velar por los acuerdos de paz firmados, pero a los que no quieren acogerse a los acuerdos de paz hay que combatirlos con la fuerza coactiva del Estado. Hay que dejar esa visión kantiana de que “es malo porque le tocó”, porque hay gente que es mala porque le gusta ser mala y pasar por encima de otros. No más romance a la delincuencia. Por algo Bukele es tan popular, simplemente a veces hay que ser frontal con el delincuente.
César Augusto Patiño Trujillo
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