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Protesta palestina a un artículo

07 de mayo de 2019 - 12:00 a. m.

La Embajada de Palestina en Colombia, representando al unísono al valiente y sufrido pueblo palestino, deplora y lamenta profundamente el artículo titulado “El lado humano de la guerra, la colombiana que estuvo en el ejército de Israel” (El Espectador, mayo 1°, 2019).

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La distorsión resulta preocupante desde el inicio de la nota, cuando se afirma que Israel lleva por “varios años sufriendo un conflicto con Palestina”, idea que sirve de asidero propagandístico a Israel mostrándolo como víctima, niega el carácter ocupante de Tel Aviv y favorece la impunidad ante las investigaciones que adelanta la Corte Penal Internacional. Resulta elemental enfatizar que los hechos muestran una realidad totalmente diferente y quien sufre en este caso es Palestina.

Justamente mientras la periodista “victimizaba” al ocupante, Israel ha dejado sin techo a más de un centenar de familias palestinas en Jerusalén Este —sin contar con las miles en Cisjordanía— y 12.000 colonos protegidos por el mismo ejército del cual hace parte la protagonista de la nota profanaron un cementerio palestino.

El mismo ejército israelí que ha sido señalado por la ONU de asesinar premeditadamente a niños, personas en sillas de ruedas y personal médico en Gaza durante las manifestaciones de la Marcha del Retorno, que devastó la Franja en 2014 asesinando a 2.400 personas entre ellas 800 niños (repitiendo la misma devastación previa de 2012 y 2008) y atacando incluso refugios de la ONU, o el mismo ejército al cual pertenece Elor Azaria, el soldado israelí que asesinó a sangre fría a un palestino en el suelo, disparándole en la cabeza ante la vista de todo el mundo. El mismo ejército sionista que a marzo de 2019 tenía 5.450 palestinos prisioneros, entre ellos 497 secuestrados y 205 niños o que desde 1972 ha asesinado a 102 periodistas.

¿Esa es la bella historia que la periodista quería contar en su nota?

Además de desnaturalizar el conflicto, la periodista se hace eco no solo de los crímenes de guerra de Israel sino también de la apropiación de Cisjordania y Jerusalén Este, llamándolos “Judea y Samaria” conforme a la dialéctica oficial y colonialista israelí, usurpando el derecho palestino a una patria y una memoria.

Por último, la referencia a los check points israelíes como unos simples puntos de inspección de documentos resulta simplemente ofensiva frente a la humillación que a diario sufren los palestinos. La periodista omite —entre innumerables aberraciones entre ellas la fragmentación del territorio palestino— que, gracias a tales check points, la OMS ha creado la variable “nacimientos en check points”, resultado del hecho de que se impida el paso a las ambulancias que llevan mujeres palestinas en trabajos de parto y que sus hijos deben nacer entre los barrotes del puesto de control israelí.

En todos estos crímenes colaboró la protagonista del artículo, dejando sin piso aquello del lado “humano”.

Embajada de Palestina.

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