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Protestas por una caricatura

07 de febrero de 2017 - 09:00 p. m.

Si algo valoro como suscriptor de años recientes de El Espectador —discúlpeme pero en casa preferían el otro y se me quedó la costumbre hasta que quise explorar nuevas opciones— es su atrevimiento e independencia que le hace a uno sentir confianza en lo que lee y ve. Pero hay días en que me hace falta sentir que tienen límites de respeto mínimo y convivencia, en particular frente a  algunas caricaturas de  jóvenes aprendices (creo que lo son por lo ramplón que es su trabajo). Si hoy me animo a escribirle es porque he sentido que en la edición de hoy (martes) esa bofetada ha pasado a puñalada con la caricatura de quien dice llamarse ‘Chócolo’, quien ha lanzado una infamia contra el alcalde Peñalosa tratando de involucrarlo en un escándalo del que no hace parte. Eso en mis clases de periodismo se conocía como calumnia y además con agravante de malicia. No soy peñalosista, ni mucho menos petrista. Esta no es una protesta por ideología, pues también me erizan otras cosas que veo en este periódico, como las caricaturas del señor Osuna, que a veces siento mentirosas, pero que no me atrevería a censurar porque nunca pasan de la sátira y el humor inteligente. ¡Algo se le debe a la experiencia! La de hoy (ayer) del ‘Chócolo’, en cambio, solo muestra rabia y un intento —muy uribista pero que ya vemos van aprendiendo otros— de tratar de ensuciar a la mayor cantidad posible de gente para que los corruptos pasen inmunes e impunes. Eso es lo que logran calumnias como la de esa caricatura, ponernos a todos en el mismo lodo para hacer creer que todos somos iguales, pues que yo sepa el señor Peñalosa tiene muchos errores pero no le conocemos escándalos de corrupción y por ninguna parte ha sido involucrado en el de Odebrecht. En estos tiempos que ahora llaman de posverdad —ay, ahora hasta a la mentira se le buscan apellidos eufemísticos— es importante como lo decían ustedes mismos en algún editorial de estos días, que haya gente confiable como ustedes que impidan esa mezcla de verdades con mentiras y, en este caso, de corruptos y limpios. Permítame sugerirle que mande a sus nóveles caricaturistas —y a algunos columnistas, de paso— a unas sesiones de maduración. 

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Gustavo Vásquez Suescún.

N del D.: Entendemos la molestia con la publicación. Es importante  insistir, sin embargo, en que la opinión de los caricaturistas y columnistas en El Espectador  es absolutamente libre, es decir, que el periódico no interviene en lo que deben o no deben opinar.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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