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Puertas para unos, muros para otros

13 de junio de 2025 - 12:00 a. m.

La política migratoria de Estados Unidos nunca ha sido cuestión de humanidad, sino de conveniencia. Bajo administraciones demócratas o republicanas, el enfoque ha cambiado de rostro, pero no de lógica: abrir puertas a unos, cerrarlas a otros.

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En 1995, en plena crisis de los balseros cubanos, el gobierno demócrata de Bill Clinton instauró la política de “Pies secos, pies mojados”. Si los cubanos lograban tocar tierra estadounidense, podían quedarse y obtener residencia. Si eran capturados en el mar, eran devueltos. No era altruismo: era estrategia. Cuba era el enemigo, y recibir a sus ciudadanos era también un golpe al régimen. Pero esa puerta siempre estuvo cerrada para otros: mexicanos, salvadoreños, guatemaltecos, haitianos, colombianos. Ellos, simplemente, eran ilegales.

Los republicanos no cambiaron la esencia, solo reforzaron las barreras. George W. Bush impulsó políticas más restrictivas tras el 11 de septiembre. Bajo su mandato, la frontera comenzó a militarizarse con fuerza. Y aunque Barack Obama llegó con un discurso de esperanza, su administración se ganó el título de “deportador en jefe”: más de tres millones de deportados durante su presidencia, muchos de ellos centroamericanos y haitianos. En sus últimos días en la Casa Blanca, Obama puso fin a “Pies secos, pies mojados”, cerrando una puerta histórica para los cubanos, pero sin ofrecer alternativas humanas a quienes seguían huyendo de la violencia.

Donald Trump no maquilló nada. Su gobierno llevó la política migratoria a una nueva era de brutalidad abierta: muro físico, muro político, muro social. Trump criminalizó la inmigración desde su primer discurso y la convirtió en la columna vertebral de su administración. Implementó la “tolerancia cero”, que separó a miles de niños de sus familias, endureció las solicitudes de asilo, frenó las caravanas con gases lacrimógenos y bloqueó refugiados de países musulmanes. La migración centroamericana, mexicana y haitiana se convirtió en una crisis fabricada por el lenguaje del miedo.

Demócratas o republicanos, las diferencias son de forma, no de fondo. Las políticas cambian de cara, pero comparten la misma brújula: quién es útil, quién es deseado, quién es descartable. La frontera sigue ahí, más alta para unos, más flexible para otros.

La historia lo deja claro: no todos los pies mojados tienen derecho a secarse.

Félix S. Vargas Angulo, M.Ed, ABD

Profesor de Historia

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