Cada día se ha convertido en un desafío inmenso el despertar en este país.
Hace tiempo que quedaron atrás los días buenos y malos, y, como diría Milhouse, ahora solo hay días.
Ser colombiano era un sinónimo de lucha, de levantarse cada mañana a emprender un nuevo día en contra de las adversidades y contratiempos, pero de un tiempo para acá ha dejado de ser una lucha para convertirse en una pelea, en un combate, ya no contra las adversidades sino contra el otro, una lucha interna entre unos y otros y cada día que pasa, cada nuevo amanecer en este hermoso país, llega con una pelea más.
Cada acontecimiento, grande o pequeño, que ocurre en este territorio se vuelve un motivo de pelea, insultos y agresión: que si se propone un día sin carne por el medio ambiente, propuesta mamerta, de izquierdosos, mientras se llenan las redes con hashtags de apoyo y de rechazo; que si sale un periodista y llega otro; que si se extiende la cuarentena; que si se hace o no se hace Transmilenio; que si es o no es paramilitar; que si ha hecho algo o no ha hecho nada, que si IVA o sin IVA… en fin, cada noticia en este país es un llamado a las armas y a la confrontación.
Lo que es peor, así algo no ocurra en este territorio también es motivo de conflicto, como se evidenció en las recientes elecciones estadounidenses.
Nos hemos convertido en seres pasionales, alejándonos del debate y la argumentación, para quedarnos en la confrontación de deseos y convicciones. No me importa si lo que pienso está bien o mal, lo importante es defender mi postura hasta el fin, cerrándome a lo que el otro presente.
La desinformación lo deja a uno vulnerable, la manipulación constante hace que sea difícil que las pocas personas que tratan de resistir a ese enfrentamiento logren identificar una postura real. Los de derecha mienten, los de izquierda también, unos manipulan, los otros también.
Ya no hay noticias buenas, lo negativo siempre sale a la luz (irónicamente).
El lanzamiento de una nueva generación de consolas se convierte en una lucha por definir cuál es la mejor o en un suplicio porque no llegan; el estreno de una película se convierte en el campo de batalla de los que les gustó y los que no, de los ofendidos y de los ofendidos por los que se ofenden, y hasta la feliz noticia de una tesis aprobada se convierte en dolor ante la notificación de los costos de grado.
Qué difícil es despertar en Colombia, qué difícil es despertar en el mundo.
J. Alejandro Salazar Beltrán
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