Que el acuerdo se decida rápido
Aunque perdió el Sí en la votación para el plebiscito que acaba de pasar, la inmensa mayoría del pueblo colombiano ha reaccionado, y ahora los ciudadanos que votaron por el No, junto con los ciudadanos que votaron por el Sí, están unidos (y los abstencionistas lo están pensando), para exigir tanto al Gobierno como a las Farc-Ep que resuelvan cuanto antes las inconformidades que alegan las vertientes del No, y de una vez por todas se llegue al Acuerdo Definitivo de Paz que requiere Colombia.
Especialmente, las comunidades donde más se ha sentido la guerra con todas sus consecuencias de desplazamiento, desaparición forzada, despojo de los bienes y muerte de campesinos que ayer trabajaban la tierra y disponían de sus frutos; y, hoy, en muchas ciudades del país, malviven en cinturones de miseria, donde sus hijos carecen de vivienda decente, comida adecuada, vestido, salud y, en fin, de todas las garantías que ofrece el Estado a las familias que están establecidas en las grandes y pequeñas ciudades y campos con relativa seguridad.
Ya el pueblo entendió que lo que más le conviene es la paz y la convivencia. Por tanto empieza a manifestarse a través de desfiles y plantones, exigiendo a los negociadores que los acuerdos de paz deben implementarse sin más dilaciones y pretextos.
La comunidad internacional entendió que Colombia iba por el mejor camino y en Oslo los noruegos decidieron conceder el Premio Nobel al presidente Juan Manuel Santos, quien ha trabajado arduamente, junto al equipo negociador y los ministros del despacho, para concretar la paz que desde el fondo de sus corazones añoran y reclaman en este momento, tanto los partidarios del No como del Sí, y me atrevo a pensar que los abstencionistas también.
¡Bienvenida la paz real y verdadera a nuestro país! El mundo nos está observando y ha manifestado su caluroso apoyo. Muchas naciones esperan que la paz sea una realidad en Colombia para venir a invertir en las diversas regiones y campos del país.
Nuestros hijos y nietos, los mayores beneficiados de esta esquiva paz, empiezan a congregarse para formar la inmensa muchedumbre que, más temprano que tarde, celebrará el Acuerdo Final con las modificaciones que racionalmente deban hacerse, mirando el interés supremo del bienestar nacional y no intereses mezquinos de personas o grupos políticos.
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