Ramiro de la Espriella
Nuestra gran pintora cartagenera Cecilia Porras decidió hacer un retrato en una mesa de café a dos ilustres costeños: Ramiro de la Espriella y Gabriel García Márquez.Cuando Gabo ganó el Nobel, Ramiro decide separarse del retrato. Toma una tijera y lo corta. Le digo : “¿por qué vas a hacer eso?”. Y contesta: “y yo por que tengo que estar al lado de un Nobel?”.Enrolla la parte en que aparece Gabo y se la manda, y enmarca el pedazo donde está su imagen.Muchos lectores no entenderán su gesto.El caballero castellano se yergue. Parece un pasaje de Los Romances del Duque de Rivas y es que Ramiro era el caballero castellano cartagenero. Hombre recto, sin dobleces, de una integridad a toda prueba, liberal en todo el buen sentido de la palabra. Amigo sin igual, contertulio sabroso, de una inteligencia privilegiada, culto y sagaz.Se va una de las plumas más agudas y más justas del periodismo americano.El Espectador fue su casa, yo sé que hoy los Cano estarán de luto.Los amigos que quedamos, costeños como yo, no tendremos la compañía de los que partieron primero, Ramón de Zubiria, Nicolás del Castillo, Nicolás Salom, Lácides Moreno…, nos duele profundamente porque es un colombiano que siempre hará falta.Fue luz en la poterna y guardián en la heredad.Paz en su tumba. A Claudia, su hija, un beso de tío.
Alonso Restrepo de León
Sobre una columna de Hernando Gómez Buendía
La columna titulada “Un tribunal de cómplices”, de Hernando Gómez Buendía, se basa en información falsa. No hay ningún acuerdo en La Habana sobre la conformación del Tribunal de Paz. El supuesto documento en que el autor basa sus equivocadas apreciaciones no es auténtico. Públicamente he informado de manera oficial que no se ha tratado formalmente ese punto. No existe un acuerdo sobre la elección de los magistrados.En estos procesos, es extremadamente necesario que los comentaristas basen sus opiniones en documentos ciertos.
Humberto De la Calle