Una carta sobre la esperada y temida reforma tributaria.
Reforma tributaria con equilibrio
La administración pública, en todos sus poderes, tiene que ser juiciosa en el gasto. No puede olvidar que exorbitantes gastos de funcionamiento van en abierta contravía de una ley económica natural, de buscar siempre el menor costo en la producción de bienes y servicios.
Lo anterior está vinculado a las reformas tributarias, que no pueden ir más allá de cierto nivel, pues afectarían en forma grave los incentivos al capital para ensanchar o instalar nuevas factorías o disminuirían la capacidad de gasto de las familias.
Una reforma tributaria no puede desconocer la progresividad en los impuestos de renta y patrimonio. Los que tengan menos siempre deben pagar mucho menos. No puede haber regresividad, que es cuando quien tiene menos paga más.
En pleno acuerdo con el senador emérito Ómar Yepes Alzate, en su importante pronunciamiento de hoy en el periódico digital Eje XXI:
“Los impuestos deben ser justos. No se puede gravar agobiando al ciudadano, descapitalizándolo u obligándolo a endeudarse o vender bienes para tributar. Igual con las empresas. Ni gravar atentando contra el ingreso que atiende a la subsistencia de los hogares. La tributación tiene que ser racional. Gravar las utilidades, no lo que no se tiene. Hasta ahí, todo bien.
Pero ¿es justo que el ciudadano pague impuestos y el gobernante los maneje a discreción? ¿Que gaste a su amaño? ¿Que disponga de los recursos para alimentar su ego? ¿Que los utilice para garantizarse simpatías, respaldos, y desatienda lo fundamental del Estado? ¿La salud, por ejemplo?”.
Recordemos que “Colombia puede ser la quinta economía más competitiva”, pero tiene graves problemas de corrupción y de ineficiencia burocrática, que suman un alto porcentaje: 25 %. Son lunares asustadores del sector público. Una reforma tributaria tiene que considerar esos dos peligrosos factores, pues le “roban orondamente recursos a la tributación de las familias de Colombia y de las empresas”.
Parte de los impuestos no pueden seguir ese camino de alimentar a ese binomio monstruoso.
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