1. Creo profundamente en la libertad de opinión y en la oposición y crítica como derechos básicos para el ejercicio de la democracia pluralista y como baluartes de fructíferas relaciones humanas, en todos los niveles del poder y de la interrelación social.
2. Dichos derechos los he observado en el transcurso de mi vida y en el ejercicio de mi cargo como rector de la Universidad Externado de Colombia, la más alta dignidad que me ha dado la vida, y no he atacado o descalificado a quienes los ejercen.
3. El Externado y el país en general tienen y deben tener la madurez suficiente para que todos sus miembros puedan convivir pacíficamente. La tolerancia y el pluralismo son un sello que el Externado aporta a Colombia desde 1886, gracias a su ideario de educación para la libertad.
4. El odio daña el entendimiento, ciega la razón y no debe ser admitido. El sentimiento de odio es propio de mentes totalitarias para quienes todo es certeza reduccionista y nada es diálogo, incertidumbre o duda. Impide el debate limpio y sustentado en argumentos, no en pasiones desbordadas y perjudiciales que enferman el cuerpo y la mente y buscan producir daño. No permite superar el aborrecible binomio amigo-enemigo.
5. La columna de Ramiro Bejarano del pasado 26 de julio me obliga a desmentir categóricamente lo que allí enuncia. Es absolutamente falso que yo haya realizado algún acto que le autorice escribir que “para estos tiempos los mandamases de ciertas universidades se gastan su tiempo y prestigio (…) en vetar a quienes no son de su agrado”, de lo cual “ha quedado memoria, por ejemplo, en la integración por el Consejo de Estado de la última terna para la Corte Constitucional”. Espero que el profesor de quien erradamente afirma que yo lo veté tenga la suerte de llegar a la Corte Constitucional en un futuro, y lo pienso sinceramente porque lo considero un buen jurista. Además de falsa aquella afirmación, es irrespetuosa con los externadistas que pertenecen al Consejo de Estado quienes, supuestamente, siguieron como borregos mi “veto”.
6. Con independencia de que Bejarano me califique en su columna de “arribista y trepador incorregible”, lo cual no deja de ser una opinión, y de que supuestamente busqué hacer elegir a un magistrado de la Corte Constitucional contrario al proceso de paz para además tener en esta institución a quién “hablarle al oído” (habiendo yo participado en dicho proceso y siendo conjuez de la Corte), puedo decir que a mí también me sorprendió el giro dado por el magistrado Bernal, quien contaba con los más altos títulos y reconocimientos académicos al momento de su elección.
7. La columna incurre en otras descalificaciones y acusaciones que se adicionan a varias que he recibido del columnista en redes, en publicaciones diversas y en reuniones sociales que, por su falta de sustento, razones y pruebas, y fundamentalmente por faltar a la verdad, perjudican mi dignidad y honra.
Juan Carlos Henao. Bogotá.
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