Una sugerencia del presidente Santos sobre tener diálogo en Venezuela, que debió ser bien recibida, por lo menos diplomáticamente, el presidente Maduro la convirtió en una ofensa que nunca existió y volcó toda la tensión que vive en este momento en quien menos debió hacerlo.
La reacción de Maduro dejó a la vista que su temple anda en efervescencia y que explota con sólo nombrarle la chispa.
Realmente, quien quedó muy mal fue Maduro.
Los colombianos deben rodear a su presidente: fue cortés y correcto en su sugerencia. ¿No es el diálogo la forma civilizada de resolver muchos problemas? Sobre todo donde la violencia quiere gritar por encima de la razón y la calma.
Los politiqueros de siempre que puyaron para que Santos se pronunciara sobre los desórdenes en Venezuela no veían que presidentes como los de Estados Unidos, Brasil o Francia no tenían ninguna urgencia ni estaban obligados a comentar una situación que, aunque fuera de vecinos, está muy lejos de tener la gravedad de Damasco o Kiev.
Ahora que lograron que lo hiciera, con la altura y la elegancia con que lo hizo Santos, le deben rodearlo con el respeto que la nación colombiana se merece en la persona de su presidente.
Complacer las exigencias de los enemigos políticos, más aún en época de elecciones, es siempre una trampa de las hechas en casa.
Veamos la solidaridad y el apoyo que la oposición le dé al presidente Santos, porque la representación de Colombia no está en las manos de nadie más que en las suyas.
Una cosa es la contienda política, pero otra es el respeto por la democracia interna y por el representante de todos los colombianos, el presidente Santos.
José María Rodríguez González. Bogotá.
El escándalo
Vergonzoso su editorial de hoy (ayer) 19 de febrero de 2013, en el que aplauden la mediocre reacción del presidente Santos y su locuaz ministro de Defensa frente a la inmensa gravedad de los hechos de corrupción de los altos mandos de las Fuerzas Armadas colombianas denunciados por la revista Semana.
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