Antros de criminales
Se extrañarán de que escriba para apoyar el editorial del 19 de mayo, titulado “¿Se le salieron de control las cárceles al Gobierno?”, en vez de rechazarlo. Este revela fielmente la situación catastrófica y peligrosa de las cárceles del país. El Gobierno se ha dejado subyugar, pisotear y manipular por una cuerda de criminales. Los colombianos no tenemos protección. Los encargados de administrar justicia ven desde sus oficinas cómo masacres, secuestros, tráfico de drogas, extorsión y demás crímenes nos tienen aterrorizados y encomendándonos a Dios para que nos ayude, ya que por parte de ellos estamos desamparados.
Carmen Visbal
Nunca han tenido el control
Sin querer justificar la situación de las cárceles del país ni ser fan de ninguna tendencia política, excepto la social democracia, mi opinión sobre el editorial del 19 de mayo, sobre la crisis carcelaria, es que es llover sobre mojado. Desde hace muchos años, la prensa y la opinión pública conocen las irregularidades que suceden en las prisiones y no necesariamente son exclusivas de los reos, sino de directores, personal de guardia y el Inpec. Pareciera un problema insoluble, como todo en el país, pues falta voluntad administrativa y política de todos los gobiernos, incluyendo el actual y los anteriores, como el de Duque (el inepto), Santos, Uribe, Pastrana (otro inepto), Samper y Gaviria con La Catedral, para no mencionar anteriores mandatos. El titular yo lo cambiaría por “Los gobiernos nunca han tenido el control de las cárceles del país”.
Víctor E. García
Las raíces del problema
Sobre el editorial del 19 de mayo. En Colombia, los centros penitenciarios se convirtieron en campos de concentración y universidades del crimen. El clan del Senado nunca se ha tomado la molestia de subsanar el dantesco infortunio que viven los delincuentes de a pie, porque los “honorables”, condenados por la justicia y cada vez más numerosos, depredadores del erario, reciben “casa por cárcel”, cumplen su condena en sus lujosas mansiones, reciben pensiones de $40 millones y ven multiplicar el dinero robado al Estado en inversiones seguras en el exterior. Y eso que los residentes en las cárceles de Colombia son apenas el 10 %, porque para nadie es un misterio que de cada 10 delitos, nueve quedan impunes. Los juzgados, la Policía y la Fiscalía son simples anotadores de los hechos punibles. Al ritmo de un promedio de 300 denuncias, hace imposible abrir investigaciones.
Baltasar Quijano Ossa
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