Santos incumplió las promesas de campaña, como la de rebajar al 4% la retención a los pensionados que pagan el 12%. La infracción constituye el peor impuesto a los pobres. A los asalariados no les queda más remedio que ver cómo se desmorona la capacidad de su sueldo, quedando cada día más pobre.
En enero de 2014 el aumento del Gobierno del salario mínimo fue de 4,5%, es decir, que pasó de 589.500 a 616.000. En enero de 2015 el nuevo salario mínimo fue de 4,6%, que equivale a 644.350 o sea 28.336 pesos mensuales. Este aumento pírrico de 945 pesos diarios, 28.350 mensuales, no fue suficiente, ni mucho menos digno para sostener una familia.
“Ese no es un incremento al salario mínimo, es una propina que se les hace a los trabajadores”, dijo Luis Alejandro Pedraza, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores.
Los $644.350 no se acercan a las necesidades de los trabajadores. No fue tan generoso el Gobierno con los pobres y sí lo fue con la clase empresarial.
Con un salario mínimo ni se come, ni se viste, ni se pagan los servicios, el arriendo, el transporte. El pobre asalariado es un mago para mantenerse vivo junto con su familia.
Tiene que estar recurriendo a los préstamos y llegar hasta empeñar los electrodomésticos.
En la casa se tiene que acostumbrar en el almuerzo a arroz con huevo, y la comida, para variar, huevo con arroz. La ropa y el calzado se tiene que buscar en almacén “Agáchese” y se queda medio vestido.
Los pensionados llevan la peor parte, ya que son los encargados de alimentar a los hijos, nietos, bisnietos, todo un batallón, y con una mínima pensión ganada con el sudor de toda una vida de trabajo.
Imponer por decreto el aumento del salario mínimo hace a los ricos más ricos y a los pobres más pobres.
El metro de Medellín ya anunció el alza de 100 pesos el pasaje. Ahora se viene un alza en general de todos los productos de servicios vitales para los trabajadores formales e informales y se vaticina un año muy duro para los colombianos.
Como quien dice: ¡sálvese quien pueda!
Mario Quintero Martínez.
Licenciado docente. Medellín.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.