Que Sayco necesita revisión se sabe hace años; sin embargo, sólo hasta que alguien con influencia se dio cuenta, el tema se vino a tratar nacionalmente, como casi todo en nuestro país.
Si alguien con algo de influencia no lo toma como cruzada personal (Julio Sánchez con Sayco, Daniel Samper con el Tayrona, por ejemplo) las cosas, por injustas o desajustadas que estén, no se tocan, no se mueven. No importan las quejas, los llamados, las denuncias de los anónimos colombianos que a diario se quejan o denuncian, lo importante es que alguien de renombre lo escuche. Si no, las cosas no aparecen en la agenda nacional.
Hablando de desigualdad, hace poco se publicó el Reporte de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas en el que quedamos, como decimos en Antioquia, “como un zapato”, en el piso. Antes de eso se había publicado, por parte de la revista Foreign Policy, el reporte de Estados fallidos y también, como en el anterior, no nos fue muy bien. Lo que no parecemos ver los colombianos es que las tres cosas que he mencionado están unidas. Se llama acceso a la democracia. Nuestra democracia da acceso, pero si tienes dinero y poder tienes mucho más acceso, miles de veces más acceso. Como denuncia Salud Hernández, la desaparición de una niña tiene visos de tragedia si es la hija de alguien con influencia; el asesinato de un joven universitario, dado por suicidio, se revisa porque sus padres tienen la suficiente capacidad de hacer llamar la atención sobre el tema.
Creo que fue en 1959 que un abogado manizaleño, Ignacio Vélez Estrada, escribió en su carta de renuncia a uno de sus cargos, con toda honestidad, que la acumulación de casos en su despacho era tal que necesitaba meses sin un solo caso nuevo para poder evacuarla. Sin embargo, hasta que alguien como Luis Carlos Sarmiento Angulo, 51 años después, no habla del tema éste no parece volver a importarle realmente en el país.
Nuestra democracia aparecerá como a punto de fallar mientras para tener acceso a sus beneficios se necesite influencia (sean aquéllos la justicia, el pago de derechos de autor, la investigación de la desaparición de una niña o cualquier otro). Es tan raro que un colombiano del común obtenga con una queja (por justa que sea) que algo medio cambie, que suele salir como gran noticia nacional. Eso es producto de nuestra ancestral desigualdad frente al poder: no todos somos iguales frente a quienes lo detentan en Colombia y ese es un buen origen de muchos de nuestros males nacionales.
Nelson Vanegas. Medellín.