Comentario a una columna
La columna del pasado 19 de marzo de Fernando Barbosa, titulada “Política y tecnocracia” es fascinante para ilustrar cómo los marcos cognitivos y paradigmas de desarrollo afectan la manera cómo se abordan los problemas. Para empezar, menciona un caso de aparente sabotaje a un proyecto de ingeniería técnico por injerencia política, pero lo que muestra es que era un proyecto que obviaba del desarrollo regional a una población importante. Es el desarrollo a costa de, no para todos.
También entra en juego la temporalidad, pues las recomendaciones que cita eran sumamente inmediatistas. Aquí nos pasa que hacemos los proyectos que necesitamos para la siguiente década y que cuando se hacen, por lo común con demoras, llegan al borde de su capacidad antes de lo proyectado. Nos pasa, por ejemplo, con la infraestructura aeroportuaria de mi región: el aeropuerto José María Córdoba ya superó en uso su capacidad. Pensar en el próximo siglo nos queda grande, al parecer.
Y el contexto, para hablar del desarrollo de Japón no se puede obviar el auge que tuvo por la guerra de Corea. Y hablando de Corea, tanto el país como Japón tuvieron un papel muy importante de sus conglomerados empresariales apoyados por el Estado, con proteccionismo y subvenciones, para surgir como las marcas de impacto global que conocemos. Igual China, pero con un estatismo más marcado. Eso para decir que no es cuestión de simple determinación, sino de alinear a los actores estratégicos y tener una ruta definida, consenso y estrategia. De eso poco somos capaces aquí y deberíamos tener un pacto en democracia para hacerlo.
Santiago Acevedo Monsalve Sociólogo y especialista en Derecho Urbanístico
¿Generosidad o ingenuidad?
Considero que negociar un tratado de paz con grupos que obtienen beneficios de actividades ilícitas no es un gesto de generosidad, sino un acto de ingenuidad. Estos grupos no están motivados por una causa altruista a favor de los menos privilegiados, sino por el lucro personal. Con esta premisa, surge la duda sobre la sinceridad del Gobierno al buscar la paz con estos grupos delincuenciales. Es probable que el objetivo real fuera obtener respaldo electoral de dichos grupos. En ambos escenarios, desafortunadamente, Colombia resulta perjudicada. En la guerra, nunca hay un ganador definitivo.
Diego Moreno
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