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Sobre columna de Cecilia Orozco

21 de agosto de 2012 - 07:24 p. m.

En su reciente artículo de El Espectador, “Espectáculo triste del poder”, Cecilia Orozco se declara impactada por lo que llama el espectáculo que presentan el vicepresidente Angelino Garzón y el alcalde Gustavo Petro, que “se esfuerzan por minimizar la gravedad de los accidentes cerebrales que han padecido”.

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Triste el espectáculo de las aves carroñeras que revuelan sobre Garzón, émulos de aquellos que con artificios mantenían erguida a una moribunda Eva Perón en un auto que así recorría Buenos Aires por conveniencia política del peronismo.

En cuanto a Petro, su accidente no es cerebral como quiera que el hematoma se ubica entre el cerebro y la corteza cerebral, una afección de buen pronóstico a despecho de profetas y profetizas del apocalipsis, pero a Orozco la trasnocha que de la voluntad de Petro dependa la evolución de temas como la movilidad y “sí señor, la verdad sobre la calidad del agua”.

Orozco escribe su artículo cuando el INS ya había afirmado que no detectó presencia de la bacteria E. coli ni coliformes totales durante el período revisado entre 2011 y lo corrido de 2012, al paso que El Espectador.com publica un video acerca del recorrido del proceso de tratamiento de agua desde el páramo de Chingaza y un artículo de Viviana Londoño que titula: “Sí se puede tomar agua de la llave”.

Cuando quien escribe, ingeniero de la UN, dirigía el Acueducto de Girardot, un error de operario condujo a que se enviara a la ciudad agua no clorada durante una hora. El gerente del hospital llamó alarmado: ¡el promedio de niños con diarrea ha crecido doce veces!, gritó. No volvió a suceder jamás, pero quizá la historia sirva para que Orozco calcule cuántos miles de niños hubiesen sido afectados ya, ahora, por cuenta del agua supuestamente contaminada y medite si la objetiva desestabilización del alcalde que comporta un bien administrado aire de duda sobre el agua en Bogotá, no correrá a contrapelo de toda la historia del diario El Espectador.

Samuel Camargo Hidalgo. Bogotá.

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