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Sobre columna de Juan Gabriel Vásquez

28 de febrero de 2012 - 06:00 p. m.

Mi carta va directamente al tema propuesto por el escritor y columnista Juan Gabriel Vázquez, sobre las relaciones entre la moral y la religión, y, especialmente, entre la ética laica y la religión católica.

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Pienso que efectivamente el tema es más que urgente, como lo califica el columnista, de enorme importancia. Y enfrentarlo no me parece ni inútil ni mucho menos censurable. Ya en la revista Arcadia se atrevió su directora en la página editorial a proponer el tema, a raíz de la publicación de uno de los libros del recientemente desaparecido Christopher Hitchens. Lástima que nadie le cogió la caña en ese momento, pero el tema valía la pena, por su novedad e importancia.

Estoy completamente de acuerdo con el escritor y columnista en que se puede dar, y de hecho se ha dado en diversas latitudes, personalidades y formas, una auténtica moral de respeto a la persona humana y a sus derechos, y que Aristóteles plantea en su Ética las bases filosóficas de ese comportamiento como expresión de la racionalidad humana.

Innumerables ejemplos se pueden mencionar de personajes que fuera del ámbito de la religión católica, o de cualquier otra, han llevado y propiciado una conducta de profunda honestidad. Y decir que la paz y la justicia sólo son posibles dentro de la moral objetiva de los 10 mandamientos de la Biblia me parece poco menos que un disparate. Ello por una simple razón: el sentido de lo ético radica en la esencia misma de la condición humana. La conciencia de lo bueno y lo malo —al menos en sus trazos fundamentales— se da en el interior del hombre al margen de cualquier religión.

Que el ejemplo y la palabra de Jesucristo puedan conducir esta ética del amor hacia su plenitud, es aceptable sólo por la fe. Ella puede brindar la posibilidad de una cumbre moral para el hombre, cuando acepta la figura de Jesús, como Dios y hombre.

Pero me parece indudable que fuera del ámbito de cualquier religión pueden darse conductas admirables, como más de un ateo ha demostrado en nuestros tiempos.

Es lo que viene defendiendo el excelente escritor triestino Claudio Magris (además, un católico ejemplar), al hablar de la laicidad como la gran incomprendida.

Finalmente, si me obligaran a elegir, preferiría un ateo honesto a un creyente inmoral. Lamentablemente, entre nosotros hay demasiada religiosidad y poca ética.

Francisco Tostón de la Calle. Bogotá.

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