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Sobre el aborto

13 de septiembre de 2015 - 10:09 p. m.

Increíble que El Espectador tome postura en un tema tan espinoso.

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Quizá con este caso específico se ha abierto de nuevo la caja de Pandora respecto del aborto, pero los diarios se han extralimitado frente a esta situación: ni siquiera es conocida la causal del aborto y ya hay defensores y detractores. La Fiscalía tiene toda la autoridad de analizar e imputar si es necesario. El aborto sólo está permitido bajo tres situaciones —aunque se abuse del supuesto riesgo a la salud mental de la madre para abortar sistemáticamente—. El verdadero tinte político está siendo dado por las promotoras del aborto y los medios de comunicación —según estos, el fiscal general de la Nación tiene una camisa de fuerza debido a la escandalosa firma de contratos y por tanto sólo puede callar mientras los delitos galopan frente a sus narices—.  La institucionalidad no yace en una persona. Montealegre, como cabeza de la Fiscalía —salpicada o no de corrupción—, está en la obligación constitucional de perseguir las infracciones al Código Penal, y en este caso la interceptación de las llamadas concentra suficiente material probatorio como para iniciar una investigación.  La disputa que envuelve el aborto requiere de un ambiente más propicio. Esta situación tan puntual sólo les da alas a ambas ideologías para irse lanza en ristre mutuamente. Eso sí, el sentido común debe llevarnos natural y legítimamente a defender a quien más vulnerable esté —o estuvo—. Thomas Aguirre Ballesteros La desprotección del Gobierno La tragedia más grande en Colombia es la “cartelización” de la economía, sin que la clase pobre espere recibir un alivio de parte del Gobierno. Los productos están por la nubes, sea por los carteles, por El Niño o por el dólar. Los empresarios se cartelizan, piden exenciones tributarias y no crean empleo formal, pues se van con sus alforjas llenas a otros países a crear empresa, todo mientras los pobres seguimos jodidos. El Gobierno no tiene solución para los cacaos y los pobres: no sentimos alivio ni para las alzas, ni para la cartelización. Lo triste es que a los pobres, a los desempleados, los del salario mínimo, el Gobierno no nos da “una manito”, como hace con todos los sectores de la economía. Milciades Manjarrés. Medellín. Envíe sus cartas a lector@elespectador.com. 

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