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Sobre el llamado a un acuerdo nacional

01 de julio de 2022 - 12:00 a. m.

Un gran amigo decía en estos días que las diferencias políticas no eran óbice para forjar o mantener una amistad.

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En el editorial del 26 de junio se habla de acogerse a las instituciones para garantizar un devenir pacífico y concertado del país. También de lo efímero que puede resultar un acuerdo nacional. Comparto el deseo de promulgar un nuevo clima político bajo el escenario del gobierno elegido.

Hago reflexiones al respecto. Primero, ¿qué es la amistad?

En respuesta a mi amigo, dije que, para mí, las posturas políticas corresponden o deben corresponder, cuando son auténticas, a bases ideológicas, principios y valores muchas veces irreconciliables desde la perspectiva de asumir posiciones.

En mi ámbito familiar, el advenimiento del uribismo como corriente política basada en la derrota de los movimientos armados de izquierda y estrechamente ligada a la ideología conservadora, defensora de principios y valores con los cuales muchos no hemos podido conciliar, trajo como consecuencia rupturas y distanciamientos muy significativos.

De otro lado, quiero referirme a la situación que se está viviendo en EE. UU. como resultado del pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia con respecto al derecho al aborto. Esta institución, faro de la democracia estadounidense, con poder inusitado y de largo aliento, terminó conformada por jueces de la corriente trumpista, que, como bien sabemos, es de arraigo ultraconservador, y mostró su peor talante al final de su gobierno. Sus principios y valores, expresados a través de su discurso y acciones, me ponen a mí, y estoy seguro de que a muchos, en una posición de rechazo absoluto. No me permite siquiera pensar en acuerdos cuando sé que lo que sigue es el avivamiento de corrientes extremistas para atacar a las mujeres (sobre todo a las que hacen parte de minorías raciales y a las más desfavorecidas), no solo con la acción institucional, aplicando todo el aparato punitivo sobre sus derechos, sino con acciones violentas cargadas de odio y fanatismo.

En resumen,, para mí, el hecho de que existan unas instituciones robustas no garantiza la justicia y el respeto a los derechos, cuya ausencia es el motivo de la polarización tan mentada y temida.

Sin duda se puede y es obligatorio llegar a acuerdos programáticos para lograr gobernar. Pero lo fundamental, la propuesta de cambio de pensamiento y modelo económico, es un principio irrenunciable. Allí se van a pisar callos que pondrán en tela de juicio la posibilidad de caber todos en este gran acuerdo.

Por otro lado, la vida en regiones, pueblos y veredas seguirá sitiada por la violencia y el abandono. No puede pasar que caigamos en lo de antes: que mientras la clase política hace acuerdos y define derroteros, allá la cosa siga igual o peor.

Las diferencias políticas no son cosméticas ni se pueden zanjar en conciliábulos o programas. No puede continuar el divorcio entre la política y la realidad del país por tratar de alcanzar acuerdos y conservar amistades.

Jorge Mejía

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