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Sobre el ministro de Salud, Alejandro Gaviria

11 de junio de 2017 - 09:00 p. m.

Sobre el ministro de Salud, Alejandro Gaviria

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No conozco personalmente Alejandro Gaviria, así que mi percepción de este colombiano excepcional se deriva simplemente del seguimiento que desde hace más de una década le vengo haciendo a través de un blog que aún mantiene, pero que solía alimentar semanalmente, y a veces más, en torno a los temas que abordaba entonces en su columna de El Espectador.

Esta experiencia de observadora del debate de los asuntos nacionales a través del blog de Gaviria me permitió encontrarme con un personaje de cualidades bastante escasas en Colombia: un tipo mesurado, ecuánime, estudioso, didáctico, generoso con sus conocimientos, pero sobre todo siempre dispuesto a dialogar con los especímenes más extremistas, tanto de derecha como de izquierda, que por allí deambulaban. No creo que haya una sola persona que haya pasado por el blog de Gaviria y no haya aprendido algo de economía, de política social o incluso de la ley estatutaria de la salud (mucho antes de que la hubiera o de que Gaviria supiera que iba a ser ministro del ramo) y de muchos otros temas de interés general, o disfrutado de los gustos que compartía en materia de poesía, literatura, filosofía y demás.

Últimamente, Gaviria también tuvo la valentía de declararse ateo. Esto en un país donde el único negocio que pulula —además de otros no recomendables más conocidos— es el de las iglesias que se lucran a manos llenas de la ignorancia y la desesperanza de la gente. Un país que, si bien ya no está consagrado al Corazón de Jesús, sí está poblado de montones de camanduleros que cometen a diario toda clase de fechorías, ofensas, arbitrariedades y delitos de diversa naturaleza con la tranquilidad del caso, pero que se escandalizan cuando un hombre probo dice que no cree en Dios.

Lo que Colombia necesita entonces no es más religión, mojigatería e hipocresía, sino muchas más personas como Alejandro Gaviria, para que salgamos de ese oscurantismo que padecemos y que nos está matando. Confío plenamente en que el ministro superará el linfoma que lo aqueja con la valentía, energía y buena onda que lo caracterizan, y también con la ayuda de las oraciones de la gente creyente y buena que tanto lo admira y lo respeta en toda Colombia.

Patricia Ardila.

 

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