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Sobre la columna de Patricia Lara

17 de mayo de 2015 - 09:00 p. m.

Por fin puedo observar que entre los prestigiosos columnistas alguien se atreve a cuestionar, así sea de manera indirecta, a la universidad, el lugar donde se forman los abogados y demás profesionales que salen a ofrecerle sus servicios profesionales a la nación.

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De manera metafórica pero con un gran sentido práctico, Patricia Lara Salive en su columna de El Espectador (15-05-15) plantea el cierre de las facultades de derecho. Es obvio, que un cierre literal es imposible, pero la columnista sí apunta hacia donde debe ser: hacia la reestructuración de forma y fondo de los programas de derecho; quizás de la universidad misma sin perder la esencia de su verdadera razón de ser. ¿Qué están haciendo las facultades de derecho o qué se proponen hacer en los próximos años para que el desbarajuste de la justicia no continúe esa escandalosa bajada? Sería uno de los primeros interrogantes. Pero hay muchos más que se extienden a otras facultades y programas académicos y esto está ligado, más que a la acumulación de conocimiento, a un ejercicio ético y estético de la profesión de abogados. Pienso que la opinión ciudadana ya no necesita saber más de las triquiñuelas de los togados. Suficiente con los botones de muestra de los últimos meses, con el del “desvergonzado” Pretel a la cabeza, como  lo bautizó un importante periodista radial. La connotada columnista finaliza, con mucha gracia pero con gran verdad y fuerza, la necesidad de que fiscales y procuradores, magistrados y exmagistrados se fueran en un crucero de largo aliento para lograr gente nueva y limpia. Para este cometido, es necesario que las universidades piensen y repiensen sobre la responsabilidad que les corresponde. ¿Por qué, los supuestamente profesionales más connotados del derecho, se sienten tentado a infringir, diariamente, la más sencilla de las normas que figura en la puerta de su  despacho, a pesar de que su quehacer profesional es la aplicación de justicia? ¿Por qué se empeñan, desde el comienzo de sus exitosas carreras, en torcer el camino de la aplicación de una justicia con transparencia? ¿Dónde aprendieron a ejercer la doble moral? ¿Qué percibieron, durante su paso por la universidad, de sus rectores, vicerrectores, decanos, directores de departamento o centros de investigación? Cada quien que responda a conciencia porque el posconflicto necesitará profesionales que consideren vital la ética y la sensibilidad social. Ana María Córdoba Barahona. Pasto 

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