Bienvenido el debate sobre la gestión cultural en el país, pero con seriedad, conocimiento y responsabilidad ante la opinión pública.
Me sorprende la columna publicada el 21 de mayo en este mismo diario de El Espectador, escrita por María Eugenia Martínez, con un título, provocador y oportunista: “¿Uribe en el Smithsonian?”. No hay nada, ni siquiera cercano, a un proyecto de Uribe y tampoco al de sus hijos que no forman parte del espíritu cultural de esta muestra. Se trata, sí, de una exposición cultural de Colombia dentro del marco y las directrices del Folklife festival que organiza cada año el prestigioso Instituto Smithsonian en Washington y que este año tiene como país invitado a Colombia.
La columnista desconoce e ignora flagrantemente muchos aspectos de lo que ha significado este desafío y proyecto cultural. Informo a la opinión pública que detrás de esta muestra hay tres años de estudios, revisión bibliográfica, mesas científicas de trabajo, investigación de campo, elaboración de una amplia base de datos y una cuidadosa y autónoma selección de 100 participantes que representarán a seis ecosistemas culturales y al contexto urbano de Colombia.
“Colombia la Naturaleza de la Cultura”, título de la exposición, dialoga con las directrices del Smithsonian que es un festival en vivo de tradiciones populares y ese es nuestro objetivo. De ninguna manera es una muestra “estereotipada y aséptica”. Es un ejercicio pedagógico de comprensión de país en sus contextos geográficos y procesos históricos donde tienen sentido las manifestaciones culturales. La investigación, la curaduría y su rica museografía (al aire libre en el National Mall de Washington) ha diseñado unas magníficas estructuras, textos, fotografías y paneles explicativos, ha preparado una extensa programación de talleres y conversatorios donde se discutirá e informará del sentido, cambio y riqueza de las expresiones culturales, y cuenta con el apoyo de un grupo profesional de alto nivel como presentadores e intérpretes culturales que harán la traducción.
Los participantes son sabedores que en estrecha relación con un medio ambiente y sus recursos los han aprovechado, adaptado y, a través de ellos, recrean e imaginan un mundo mejor para sus hijos. Vienen precisamente de zonas, hoy inundadas, acosadas, deprimidas económicamente, invisibilizadas y silenciadas. Sus experiencias de vida, de lucha, de supervivencia, a partir de tradiciones, expresadas en procesos como sus oficios cotidianos, sus prácticas culturales y sus saberes son los que esperan poder transmitir en éste y otros escenarios de diálogo a turistas, visitantes, académicos y periodistas. Ellos son pescadores, cantadoras, músicos, cocineros, escultores, chamanes, tejedoras, caficultores, artesanos, transportadores, actores, bailarines, recicladores, peinadoras, joyeros artesanales, campesinos, afrodescendientes e indígenas.
El argumento fácil de “si se justifica una inversión de tal magnitud en un evento efímero, fuera de Colombia, en un momento cuando al territorio nacional literalmente lo derrite el agua”, resulta demagogo. Todo gasto serio en el campo cultural es una verdadera inversión. La conformación de este colectivo es un laboratorio cultural de reconocimiento a nosotros mismos, un ejercicio de tolerancia y respeto, un aprendizaje de lo que somos. Lo “efímero” es muy relativo: su exquisita museografía y su gente vuelven a Colombia dejando un mensaje serio del país y para presentarse en otros escenarios nacionales como ya está proyectado. Toda museografía es un espacio de representación y una interpretación susceptible de discusión y análisis. Invito a la señora columnista a dar debates sobre la cultura, pero con más información. El Ministerio de Cultura del actual gobierno ha asumido este reto con rigor, con apoyo en la investigación que lo soporta, con respeto a la autonomía y autoridad curatorial y haciendo un enorme esfuerzo de consecución de recursos del Estado.
Germán Ferro Medina. Coordinador de la investigación y asesor a la Curaduría “Colombia la Naturaleza de la Cultura”. Bogotá.
Sobre la columna “Bogotá descentraliza el carrusel”
En el artículo “Bogotá descentraliza el carrusel”, de Cristina de la Torre, publicado el 24 de mayo de 2011, la autora expresa opiniones sobre las facultades plenas para contratar de las alcaldías locales a partir de la expedición del Decreto 101 de 2010. Y manifiesta sobre la suscripción de convenios de asociación con “entidades sin ánimo de lucro, de reconocida experiencia, solvencia y probidad”, que el 97,7% de la contratación de la Alcaldía de Teusaquillo se ejecutó de esa forma. La verdad es que en 2010 sólo el 10,07% del presupuesto local se ejecutó con dicho instrumento (información verificable en el Sistema de Presupuesto Distrital, Predis).
En su segundo artículo, del pasado 31 de mayo, rectifica para decir que sus cifras son de 2009. Para esa época parte de las alcaldías locales las realizaban las Unidades Ejecutivas Locales (UEL). La verdad en este 2009 es que apenas el 9,61% del presupuesto local correspondió a tales convenios de asociación. El 97,7% mencionado en la columna comprende el total de la ejecución presupuestal de la vigencia 2009, que incluye todas las modalidades de contratación legalmente establecidas (información verificable en Predis).
Juan Carlos Almonacid Martínez. Bogotá.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com