La fotografía expectante, adusta, preocupada e indecisa del señor ministro de Justicia que cubre la portada de El Espectador del 5 de enero del cursante año muestra la antesala de no abrir buenos caminos para la marcha de la justicia, y así encuentro, en su entrevista, un panorama desolador, ausente de proponer políticas administrativas coherentes, urgentes, ágiles, concordantes y fluidas para dar solución a los problemas que acosan a la administración de justicia, y por el contrario se dedica a retar y provocar con la aplicación de las desbocadas y abusivas medidas policivas de allanar sus despachos judiciales como fórmula para acabar con los problemas de fondo, entre ellos el paro judicial; de adoptar medidas graduales a la descongestión de los despachos judiciales y de las cárceles, y de queja de la falta de dineros del erario para impulsar leyes, como el Código General del Proceso, y de crear exámenes para que los profesionales del derecho puedan ejercer su profesión. Esas políticas expuestas por el señor ministro son contrarias a las tesis que ha explayado en el ejercicio del derecho y planteado en este prestigioso diario.
Los acuciantes problemas de la administración de justicia no se solucionan con demagogia, ni con la convocatoria de arrogante superministro, ni con extremas y abusivas medidas de policía, ni con el destemplado canto de la falta de dinero, ni con la aplicación gradual de nombramiento de funcionarios, ni con la esnobista práctica de exámenes a los profesionales del derecho para que puedan ejercer su profesión, ni con el aumento de cupos carcelarios, ni la construcción de nuevos centros carcelarios, sino con medidas de elevada inteligencia, programadas y desarrolladas en políticas urgentes para atender las sentidas necesidades de la justicia, en anuencia con la Rama Legislativa, que en verdad se enfoquen en la mejor prestación del servicio público de justicia y contra la prepotencia del poder.
Campo Elías Cruz B. Bogotá.
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