El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Sobre la legalización del cannabis y la propuesta de “pagar por no matar”

24 de julio de 2023 - 09:00 p. m.

La regularización del cannabis

PUBLICIDAD

Les escribo para dar mi humilde opinión sobre un tema polémico en nuestro país: la regularización del cannabis. Si lo vemos desde todos los puntos de vista, no podemos permitir que una planta que puede ser de libre producción para el mercado y mejorar la economía de nuestras tierras colombianas —como lo ha sido la producción del café, la caña de azúcar, las flores, el banano, la papa y el plátano— siga siendo un negocio clandestino que fomenta y patrocina la violencia en las calles de nuestro país.

Es hora de buscar otros medios de producción y mitigar así un porcentaje de la extracción de combustibles fósiles que tanto daño le hacen al planeta. No podemos permitir que solo se vean beneficiados los delincuentes, que desangran nuestro país a punta de muertes de inocentes y fuego indiscriminado. Ya es hora de fomentar la paz y estabilidad de nuestra patria.

Es coherente decir que somos un país que no tiene la delicadeza de leer y observar más a fondo una problemática que carcome a esta sociedad. Es inaceptable el simple hecho de que los delincuentes sean magnates ante la sociedad por un negocio que podría aportar a la economía. Si miramos otras sociedades como Canadá, podemos observar que el aporte, sumando la inversión en infraestructura productiva y comercialización de la industria del cannabis en ese país, se calcula en 29.000 millones de dólares canadienses (US$22.300 millones) y otros factores que impactaron positivamente el PIB totalizan 43.500 millones de dólares canadienses (US$33.500 millones).

Es triste saber que Colombia está involucionando en un negocio que por tierra y cultivo le pertenece.

I. P.

Sobre “pagar por no matar”

Más que estar en desacuerdo, creo que hay que complementar esta política, creando condiciones para que los jóvenes puedan acceder a sanas oportunidades. Ello requiere otros incentivos a partir de políticas públicas que tiendan a desarrollar capacidades productivas y habilidades técnicas para el mundo del trabajo. No puede ser únicamente dinero, sin compromiso de estudio y formación. En este sentido es clave la participación de entidades como el SENA, la Fundación Carvajal y otras que detecten las vocaciones, los gustos y los sueños de los jóvenes marginados. Debe haber especial cuidado en la selección de beneficiarios: ¿los actuales atracadores y asesinos?, ¿los potenciales asesinos y matones? Es clave la definición del perfil de beneficiarios, los compromisos y la duración del programa.

Enrique Barriga Manrique.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias