La columna de opinión del Dr. José Fernando Isaza de ayer, jueves 6 de noviembre, confunde la leche condensada con la leche de magnesia.
No es lo mismo que el joven Miranda se coja el carro del Dr. Isaza, o el mío, que no son carros oficiales, a que coja el carro de su “papito” (digno hijo de papi) para los menesteres que quiera. El carro oficial, que lo pagamos ustedes, yo y los demás ciudadanos de este país que pagamos impuestos, así mismo como sufragamos el jugoso sueldo del papito presidente de la Corte Suprema, no es para uso y retozo de los hijos de papi.
La caricaturesca columna del Dr. Isaza da una idea equivocada de todo un profesor, exrector y hombre analítico que siempre ha sido. Encima confunde al lector o lectora sobre lo verdaderamente moral o falto de ética del comportamiento de estos dos personajes.
El comportamiento del presidente de la Corte Suprema en este caso, “salvar” a su hijo, sacarlo a la fuerza del lugar que representa la ley del país, es condenable. De igual manera la forma alevosa del joven. Fiel reflejo de muchos empleados públicos de este país: “¿Cómo se atreve a decirme que hice algo mal hecho?… Usted no sabe quién es mi papá o quién soy yo”.
María Lucía Amorocho. Bogotá.
Alcaldada y ‘pretelada’
El escándalo suscitado por la dichosa placa en Cartagena de Indias, haciendo apología a los invasores ingleses por la toma de la ciudad en el siglo XVIII, fue destrozada a martillazos por el ingeniero Jaime Rendón, quien ahora quiere quitarle el protagonismo al invasor inglés Edward Vernon, al príncipe Carlos de Gales, al alcalde de la Heroica, Dionisio Vélez Trujillo, y al miembro del Centro Histórico Sabas Pretelt de la Vega, estos dos últimos artífices del escándalo. No más espectáculo, la placa debería quitarse del todo, porque el nuevo texto que inscriban jamás será del agrado de todos. Esto es una alcaldada y una ‘pretelada’ más, para congraciarse con Carlos y Camila de Inglaterra, en su reciente visita oficial a Cartagena, que, a propósito, este 11 de noviembre de 2014 conmemora 203 años de su independencia, como provincia de la corona española. El homenaje debería de ser para los negros esclavos, indígenas y criollos que murieron torturados y ahorcados, ni siquiera para el marqués vasco de Ovieco “patapalo” o “mediohombre”, Blas de Lezo, quien también es erigido con una estatua en la ciudad. El exministro del Interior y Justicia Pretelt, más cuestionado por sus yerros que aciertos en el gobierno de Uribe, y el alcalde Vélez deben pagar de su bolsillo los gastos ocasionados por tremenda ridiculez de la placa, y no el pueblo cartagenero con sus impuestos.
Helena Manrique R. Bogotá.
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