El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Sobre un editorial

20 de mayo de 2013 - 06:27 p. m.

El editorial “Condena clave” (El Espectador, sábado 18/05/13) hace eco de la tranquilidad que produjo en el país la sentencia de la Corte Suprema de Justicia relacionada con la masacre de Segovia (Antioquia) y el condigno castigo a 30 años de prisión para su autor intelectual, el excongresista César Pérez García.

PUBLICIDAD

Asimismo, resalta la materializada postura de la Corte contra la prescripción de los delitos de lesa humanidad, avivando de paso el actual debate sobre el proceso de paz.

Pero el editorialista, lamentablemente, omitió hacer referencia al valor probatorio que le hubiese otorgado la Corte a lo narrado por la alcaldesa de Segovia, Rita Ivonne Tobón, sobreviviente del exterminio de la Unión Patriótica y actualmente en el exilio. En concreto, la siguiente perla:

“Cómo olvidar los abusos de la autoridad. El Ejército entraba a cualquier oficina, irrumpía en los actos cívicos y reuniones de trabajo, hacía lo que le daba la gana” (El Espectador, “Condenan a Pérez García por masacre de Segovia”, jueves 16-05/13).

¿O sería acaso que esta irregular y perturbadora conducta no alcanzaba para explicar el hecho de que las hordas paramilitares en su camino al infierno pudieran allanar varios retenes militares?

Y qué decir del enorme desafío que implicaba la monstruosa paradoja de que las amenazas no sólo provinieran de los paramilitares, sino del fallecido general Farouk Yanine Díaz, señalado tantas veces de tener nexos con el paramilitarismo y quien, según lo informado por El Espectador: “le había dicho varias veces (a la alcaldesa) que el Partido Liberal volvería al poder como fuera”. ¿Será acaso que vendrán segundas partes punitivas sobre tan abominable crimen?

Es en este escenario que resulta más que insultante para la Memoria Histórica de la Nación que el general (r) Jaime Ruiz Barrera, presidente de la Asociación de Oficiales Retirados de las Fuerzas Militares (Acore), embozado en su vistoso Everfit, esté propalando impunemente la falacia de que el martirizado senador de la UP Manuel Cepeda era miembro de las Farc. Es más, pareciera que tan perversa acusación fuese parte de la feroz campaña de la extrema derecha del uribismo contra el proceso de paz. Como diría Horacio Serpa, están tacando burro.

Ramón Francisco García. Ocaña.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias