Muy oportuno y de gran importancia su editorial del pasado 22 de febrero (“Saldo en rojo”) sobre lo que está pasando —y lo que ello permite prever que pasará, si nos atenemos a la historia— con la Marcha Patriótica. La situación sobre la que se advierte nos retrotrae a los años ochenta del siglo pasado cuando “presuntamente” (como decían y dicen los medios de comunicación y el Gobierno) empezaban a caer asesinados militantes y dirigentes de la Unión Patriótica, y no sólo de este movimiento. Al final (no lo hubo) los muertos se contaron (y se siguen contando) por miles, pese a las denuncias de la UP y de los organismos de derechos humanos nacionales e internacionales (declarados como enemigos), así como a las voces en el desierto de personajes de la talla de Alfredo Vásquez Carrizosa. En Colombia parecería que el famoso aforismo de que si se desconoce la historia, pasada ella se repite como tragedia o como comedia, debería formularse diciendo que el país, a pesar de conocer sus tragedias (a medias, es cierto), se solaza en repetirlas.
Con este editorial, El Espectador nos demuestra —a quienes queremos un país en paz, decidido a soportar la diversidad y las propuestas sobre modelos alternativos de desarrollo, y respetuoso, además, del actuar político de los excluidos en los espacios públicos y no sólo en los prescritos por el buen gusto institucional— que sigue siendo una digna excepción en el panorama monocolor e insensible de los grandes medios de comunicación. ¿Será una luz al final del túnel?
Néstor Miranda. Bogotá.
Sobre una cita
En la edición de hoy (ayer), la columnista Tatiana Acevedo pone en mi boca palabras que no he dicho. O peor: me responsabiliza de unas frases en las que ni siquiera creo. El error no es directamente de ella; acabo de ver de dónde pudo sacarlas: de una nota de AFP donde (sin comillas) dicen que dije eso, pero no es agradable verse retratado y versionado de esa manera.
Alberto Barrera Tyszka.
Escritor venezolano
Un despilfarro
Que la infortunada lesión que sufrió Falcao García haya sido disputando un partido con un equipo de la cuarta división constituye, además de un drama, un auténtico despilfarro. En la plenitud de su carrera, Falcao y James Rodríguez escogieron jugar, por unos euros más (que sabemos que no son pocos) en una liga mediocre donde todas las divisiones juegan entre ellas y se disputan centésimas de puntos…
Bernardo Correa. Bogotá.
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