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Sobre un editorial y el rearme de los exdesmovilizados

25 de septiembre de 2018 - 09:00 p. m.

Sobre un editorial y el rearme de los exdesmovilizados

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Respecto al editorial “El fracaso del Estado y el rearme de exdesmovilizados” (El Espectador, 24/09/2018) considero que no corresponde a la realidad. El fracaso se gestó en la forma como se negoció un acuerdo con narcotraficantes, elevar ese delito a delito conexo, otorgar beneficios políticos a un grupo de cabecillas narcos que nunca han tenido intenciones de paz, sino un único objetivo de limpiar sus nombres, gozando de la más descarada impunidad. El fracaso se siguió gestando cuando el pueblo en plebiscito se negó a aceptar las condiciones de impunidad e injusticia del acuerdo propuesto y, sin embargo, el gobierno de turno burló la voluntad popular. En ese momento, con la voz del pueblo manifiesta en contra del acuerdo, era la oportunidad de rectificar y lograr un acuerdo equilibrado y más justo.

El rearme de disidencias no es más que la pura expresión del narcotráfico desbordado, de capos y milicianos que ostentan poder económico y tradicionalmente no se someten al Estado, sino que imponen su ley a sangre y fuego, esos que asesinan líderes sociales que se atreven a reclamar lo suyo.

Fracaso es haber pactado que las fuerzas legítimas del Estado no coparan los territorios de influencia de Farc y que los cultivos ilícitos se multiplicaran exponencialmente, sin tener en cuenta que el combustible de la mal llamada guerra ha sido precisamente el poder narco. Fracaso es haber replegado las fuerzas militares durante ocho años para que el poder narco resurgiera a niveles mayores que en las décadas de los 80 a los 90.

La “guerra” en Colombia no es el resultado de las desigualdadaes sociales; es producto del poder narco, ese poder capaz de armar ejércitos para mantenerlos en las montañas cuidando los cultivos que en los últimos ocho años le permitieron a los capos Farc amasar fortuna y permear la justicia a punto que hoy día los terroristas aparecen como intocables frente a tribunales y cortes.

El fracaso del proceso se consumó con las evidencias de que Santrich, Márquez y compañía continuaban burlándose del pueblo. Como buenos capos nunca renunciaron al lucrativo negocio que da para volver tranquilamente al monte a disfrutar de la fortuna y a darle al negocio narco la apariencia de guerra para que todo un pueblo, Dios no lo quiera, de la mano de otro líder tibio y egocéntrico, llegue a ofrecerles el oro y el moro a cambio de impunidad y goce de derechos políticos.

Un narco nunca se arrepiente, nunca renuncia al poder tirano y arrasador, nunca dejará sus pretensiones de dominar al otro a base de masacrarlo y humillarlo.

Fracaso es que todos los colombianos estén empeñados y condenados a pagar, con sus impuestos, los costos de una paz que no es más que una payasada, un circo donde quienes pasaron seis años en Cuba tratándose de tú a tú con delincuentes de la peor calaña, bajaron al nivel de esos personajes a nuestros héroes y a las miles de víctimas.

Johon J. Garibello L.

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