Es incómodo tener que escribir de nuevo acerca de las posiciones de El Espectador frente a lo que está ocurriendo en Colombia con asuntos y personas relacionadas con el gobierno del expresidente Álvaro Uribe.
No es una percepción. Es una realidad que existe una persecución política de sectores de la justicia, alimentada desde algunos medios de comunicación, contra quienes hicieron parte del gobierno Uribe. Para tomar sólo un ejemplo: una de las imprecisiones de su editorial del domingo, titulado “Burla a la justicia”, seguramente fue inducida por el malintencionado anuncio de la señora fiscal general Morales cuando, hace un mes, dijo a los medios que al excomisionado Luis Carlos Restrepo le imputarían el delito de “concierto para delinquir”, y, finalmente, por falta de pruebas ese delito no le fue imputado.
Y, aunque no es del caso entrar en detalles sobre los delitos que se le imputan al doctor Restrepo, en su análisis editorial no se da oportunidad al beneficio de la duda a sus lectores en favor de Restrepo, porque existe el sabor amargo de persecución política cuando le imputan el delito de peculado a un exfuncionario que nunca fue ordenador del gasto; o de falsedad a quien le era imposible manejar los listados y la verificación de los desmovilizados; o de fabricación y porte de armas privativas de la fuerza pública, lo que parece un chiste.
Tampoco le ha merecido análisis editorial la existencia de una “venganza criminal” de aquellos delincuentes que fueron extraditados por el gobierno Uribe, y que son hoy los dueños de la verdad procesal para aquel sector politizado de la justicia. Ni la curiosa “coincidencia” de que un colectivo de abogados, que al parecer estafó al Estado con “falsas víctimas”, se autoproclame víctima en todos los procesos que se abren contra exfuncionarios del gobierno anterior. Como, también, en este caso.
Aprovecho para expresar mi curiosidad frente a la sección “La opinión en Twitter”, porque allí publicaron el sábado la opinión de varios (6) ‘twitteros’ que atacan y maltratan al uribismo, en cabeza del doctor Restrepo, y ni uno solo de los millares que en esa red nos hemos expresado en favor.
Ernesto Macías Tovar. Bogotá.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com