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Sobre una carta de un profesor

04 de febrero de 2018 - 09:00 p. m.

Querido profesor, me alienta saber que como a usted y como a muchos otros educadores del país, lo sucedido con los estudiantes del INEM nos llama fuertemente la atención, nos preocupa, y al menos en mi caso, nos llena el alma de profunda tristeza, al ver que como usted bien lo ha dicho, estos hechos ocurren cotidianamente en todos los rincones del país.

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Sobre una carta de un profesor

Querido profesor, me alienta saber que como a usted y como a muchos otros educadores del país, lo sucedido con los estudiantes del INEM nos llama fuertemente la atención, nos preocupa, y al menos en mi caso, nos llena el alma de profunda tristeza, al ver que como usted bien lo ha dicho, estos hechos ocurren cotidianamente en todos los rincones del país.

Muy bien lo ha expresado usted al decir que lo acontecido no fue culpa del INEM ni tampoco es culpa de otras instituciones educativas, que intentan prestar lo que nuestro gobierno colombiano tristemente llama un servicio, muchas veces de la mejor manera, a pesar de la escasez de recursos y la otra infinidad de problemas y carencias que tiene el sistema educativo colombiano.

Nuevamente como usted lo dijo, carecería de todo sentido si en el colegio se enseñara a utilizar un cuchillo con fines bélicos o los profesores enseñaran como torturar a los demás, y roza usted cercanamente el punto crítico del problema al mencionar que la raíz de lo que sucede no emerge en el colegio, sino que tiene un trasfondo social, cultural e histórico mucho más profundo.

Sin embargo, quitarle toda culpa al colegio no es un acto responsable, y no me refiero al INEM (llámese X o Y institución educativa). El sistema educativo de nuestro país tiene gran culpa en lo que está sucediendo y la ideología socioeconómica de nuestro país es la roca fundamental de éste penoso sistema educativo.

El colegio, o mejor dicho, las instituciones educativas, son el lugar físico donde se mezclan todos los problemas que aqueja nuestra sociedad colombiana y tristemente hoy en día, es el sitio donde se reproducen estos problemas en vez de solucionarlos. Generación tras generación, estudiantes entran y salen del sistema educativo y el país no tiene un cambio real, la delincuencia, las drogas, el abuso, el machismo, la corrupción, etc., siguen reproduciéndose como una plaga que no tiene fin, y no es una cuestión de dar correa en la casa o de haberse alejado del camino de la religión, la cuestión radica en una ideología que hemos tenido desde los inicios de nuestro país como lo conocemos.

Llevo cinco meses viviendo en una bella ciudad llama Oulu, ubicada al norte de Finlandia, y vine a ésta ciudad en busca de respuestas, por medio de una Maestría, para nuestro sistema educativo y como ya imaginará aquí no ocurren esas cosas. El cambio ha sido abrumador, contar que en Colombia los estudiantes se apuñalan unos a otros, que el director Anticorrupción fue capturado por corrupción, o que los niños reciben para el almuerzo comida vencida, son historias que para los finlandeses y demás extranjeros que estudian conmigo, parecen sacadas de una tragicomedia y que se acercan más a la ficción de las películas que a lo que ellos alguna vez podrían imaginar.

Pero no quiero alejarme del punto crucial, ¿por qué en Colombia suceden ese tipo de cosas y en los países nórdicos no?, podría escribir un libro entero enumerando las diferencias históricas, geográficas, sociales, etc., que tiene Colombia con estos países, pero el punto al que quiero llegar es la ideología.

En ésta ciudad, nada se pierde, literalmente si algo se extravía, incluso después de varios días, se puede encontrar en el mismo sitio donde se quedó o se encuentra en las debidas instituciones encargadas del tema, el país se enorgullece de ser uno de los que tienen menores índices de corrupción del mundo y en las instituciones educativas hacer copia en un examen es algo que en la mayoría de los casos no pasa por la mente de los estudiantes. Pero ¿por qué ocurre esto? La base ideológica de ésta sociedad se llama la igualdad, lo que en Colombia algunos llaman erróneamente castrochavismo o mamertismo, y detrás de la igualdad viene el concepto del bien social, en el cual el bien social prima sobre el bien individual, y por lo cual si yo tengo derecho a algo, todos debemos tener el mismo derecho a obtener aquello, independiente si nací pobre, alto o bajo, con alguna discapacidad física, hombre o mujer, etc.

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Ahora debemos preguntarnos ¿cuál es la ideología primordial de la educación colombiana?, la respuesta es: la competencia. Todo nuestro sistema educativo se basa en educar para dar el conocimiento necesario a los que serán los próximos trabajadores de nuestra sociedad, y para ello implementamos un sistema donde todos competimos contra todos desde el primer año de colegio, porque debemos demostrar que somos mejores que los demás para lograr obtener un mejor puntaje en las materias, para así lograr acceder a una mejor universidad y de igual manera lograr tener un mejor trabajo y un mejor salario. En medio de ésta competencia, las instituciones educativas se vuelven una jungla, literalmente, donde la competencia se lleva por delante todos los valores que traigan o no traigan los estudiantes de sus hogares y los que cada institución quiera enseñar. Por lo tanto, es acto cotidiano ver eso que usted ya mencionó en su carta, burlas e insultos a los que no son mejores que yo, y copias y engaños en todo tipo de actividades y exámenes. En esta carrera de competitividad se pierden estos dos valores fundamentales que son el respeto por el que es diferente y la honestidad, y esto se reproduce a distintos niveles a lo largo de toda la sociedad, racismo, discriminación, xenofobia, machismo, robos, desfalco, corrupción, etc.

Por lo tanto, no es extraño que en este contexto, los estudiantes homosexuales o los estudiantes “diferentes” sean discriminados hasta el punto donde busquen el suicidio, los alcaldes o políticos mientan en sus propuestas y títulos educativos, o las “mejores” universidades del país sean las que gradúen a los casos de corrupción más graves de los últimos años.

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Y cómo usted lo ha dicho, querido profesor, la culpa no es del colegio, ni de los profesores, poco pueden hacer estos para frenar algo que viene impregnado en la ideología de la educación que impartimos cada día. Por más valores que se enseñe en un colegio, poco se puede hacer para impedir que los estudiantes copien en un examen, cuando el sistema está diseñado para que las notas sean lo más importante y no el verdadero aprendizaje, y poco pueden hacer los profesores para impedir que los estudiantes no discriminen a los que se quedan rezagados, deportivamente, académicamente, en estilo, o en “madurez”, cuando todo el sistema se basa en la desigualdad.

Todo esto para decirle profesor, que como usted acertó, el problema tiene un trasfondo inmenso, y que podemos evaluarlo desde diferentes perspectivas, pero una de las críticas más importantes debemos hacerlas en nuestro propio campo, la educación en Colombia está fallando y hasta que no cambiemos éste sistema y su ideología, poco y nada va a cambiar. Adrián Ariza. Adrián Ariza.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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