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Sobre una columna

05 de marzo de 2012 - 06:00 p. m.

Con asombro y estupefacción, y desde luego decepción, leí la profusa columna escrita por Cecilia Orozco Tascón (ejemplar pluma a quien otrora admirara por sus posturas libertarias) intitulada “Intereses mezquinos” (feb. 28).

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Allí, en medio de su furor, traslució una suerte de imaginarios colectivos clasistas, discriminadores y altamente dañinos para la democracia y el Estado social de derecho, más cáusticos que esos intereses mezquinos que ella refiere como especie de fantasmas escondidos tras las bambalinas de la demanda del estudiante de la Corporación Universitaria Republicana contra la elección de Viviane Morales como fiscal.

Cómo es posible que este portento periodístico de las garantías civiles haya dejado entrever su fastidio por las personas que a “edad avanzada” deciden estudiar una carrera, o haya lanzado frases tan descomedidas en contra de una institución de educación superior que brinda posibilidades para las clases menos favorecidas de este país, labor social que dista mucho de ser la simple retórica vacía de los que a viva voz se declaran amigos de la igualdad social, pero que en momentos de rabia dejan entrever sus firmes ideas discriminadoras y fanáticas.

Escribir es fácil, pero realizar actos verdaderamente encaminados a la mejoría de las condiciones de vida de los colombianos es un acto de heroísmo que debe ser digno de reconocimiento. ¿Es que acaso sólo los ricos, jóvenes y bellos tienen derecho a estudiar y a ser abogados? ¿Acaso sólo la Javeriana, el Rosario, la Sabana, los Andes, el Externado pueden parir profesionales dignos?

En la Corporación Universitaria Republicana dicto clases de historia de Grecia y Roma, al mismo tiempo que derecho penal, por la sencilla razón de que creo en las personas y sus posibilidades, porque de verdad sí sentimos los valores democráticos y lo hago, entonces, con el placer que me produce pensar que la música elevada, las artes , la lectura profunda no es asunto exclusivo de los “niños bien”. Más coherencia señora periodista. Por otra parte, de cuándo acá para ser un brillante profesional hay que ser estudiante consagrado. Es más fácil, decimos, estudiar en la soledad, que enfrentar tribunales, jueces y opinión; de ahí por qué no siempre las lumbreras de la clase son los abogados ilustres de la baranda judicial. Para terminar quisiera invitarla a una de mis clases, para que se percate de que en esta universidad también se enseña a Momssen, Jacobs y Roxin, sin contar con “pergaminos”, y a pesar de los escasos recursos y la necesidad de trabajar para subsistir que tienen sus estudiantes. ¿Acepta?

David Teleki Ayala. Profesor, Corporación Universitaria Republicana. Bogotá.

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