El pasado martes 16, el columnista Óscar Alarcón Núñez escribió “Las frases de Gaitán”, donde transcribe algunas que no eran de su autoría. Pero el objetivo del columnista no era ese, sino empañar la imagen del caudillo liberal, diciendo que, según el biógrafo Osorio Lizarazo, el seguro presidente liberal de Colombia de 1950-1954 era “petulante y despreciativo”.
De petulante el doctor Jorge Eliécer Gaitán no tenía nada. Había subido limpiamente desde su humilde cuna de hijo de un vendedor de libros usados y una maestra de escuela, por su consagración e inteligencia, a la aspiración presidencial, superando a los entonces fijos políticos liberales.
Despreciativo, sí; despreciaba el desprecio, el abandono y miseria en que las intocables castas aristocráticas, estilo colonial, tenían sometido al pueblo. “No veo diferencia entre la anemia del campesino liberal y la anemia del campesino conservador”. Nadie cree hoy las miserias, el desamparo del nacimiento a la muerte, el analfabetismo, la falta de higiene, luz eléctrica, acueductos que el doctor Gaitán se echó sobre sus hombros. Tanto, que lo tuvieron que asesinar, para consolidar la dictadura conservadora y desatar “a sangre y fuego”, “no dejar ni la semilla”, la salvaje violencia política, empezando contra el inocente pueblo campesino liberal.
Llegar al asesinato en plena sesión de la Cámara del representante Gustavo Jiménez, heridas y muerte de su presidente, Jorge Soto del Corral, la noche del 8 de septiembre de 1949, porque el político conservador Laureano Gómez había dicho: “Haré invivible la república”, pero sin aclarar por cuánto tiempo.
El columnista, hace pocas semanas, se refirió al atentado contra uno que se parecía al doctor Darío Echandía; pero el atentado fue de la Policía contra el propio doctor Echandía, candidato a la Presidencia. Muerto su hermano y tres amigos que lo acompañaban, en la avenida Caracas con calle 32, entre las 8 y 9 de la noche, antevíspera del 29 de noviembre de 1949, día de las seis meses adelantadas elecciones. Para evitar un derramamiento de sangre peor que el que vivíamos, el doctor Echandía retiró su candidatura, y Laureano, sin oposición liberal, fue elegido “democráticamente a sangre y fuego”. Presidente por 600.000 votos más que Mariano Ospina, tres años antes.
Cómo nos hace falta un periodismo que esté por encima de simpatías políticas, virtuoso y veraz con la patria y la historia.
Isaac Vargas Córdoba, Florencia.
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